Lady Gaga en los Premios MTV 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
Poker Face, de Maureen Callahan
lunes, 11 de julio de 2011
El rock que vino en 2010 y el que nos espera en 2011
miércoles, 29 de diciembre de 2010
- Roger Watters / The Wall. El ex líder de la legendaria banda Pink Floyd interpretando en vivo uno de los más grandes discos de la historia del rock, The Wall: un espectáculo sui generis, el más grande concierto del año.
- Arcade Fire. Una banda exquisita que se divierte y se entrega en el escenario presentó su en vivo uno de los mejores discos del 2010: The Suburbs, y encontró un eco estruendoso en las 25,000 personas que asistieron al Palacio de los Deportes, las cuales seguían cantando varios minutos después de que la banda ya había abandonado el escenario.
- Paul McCartney. Una leyenda viviente juntó a personas de todos los estratos sociales, edades e ideologías para hacerlos recordar la gloriosa época de los 50 y 60 del siglo pasado.
- Muse. Con un despliegue impresionante de luces y rayos láser, mostrando una planeación perfecta para presentar un espectáculo, el trío inglés liderado por Mathew Bellamy dejó plenamente satisfecho a los 50,000 personas que llenaron el Foro Sol.
- Pixies. Un concierto más íntimo para privilegiados. Frank y compañía consintieron a los 3,000 asistentes que acudieron al Teatro Metropolitan, un día después de que cerraran el Festival Corona Capital
- Corona Capital. Pese a sus limitaciones y grandes fallas, era necesario un concierto de aspiraciones internacionales. Una ciudad como el DF se merecía un verdadero festival del rock: ojalá se repita con los múltiples ajustes necesarios.
- Air. Este dúo francés pisó firme por vez primera el suelo nacional en un concierto que formó parte de la gira de promoción de su último disco titulado Love 2: elegancia, versatilidad y virtuosismo resumen el impecable concierto que ofrecieron en el Auditorio Nacional.
- Recoil. Un lobo de mar, Alan Wilder presentó en México su proyecto Recoil, con el concierto titulado A strange hour, una hora de secuencias audiovisuales impresionantes y alucinantes, en el Lunario.
- UNKLE. El circo volador, pese a todas sus limitaciones, fue el marco perfecto para que esta banda liderada por James Lavelle, ejecutará un sonido perfecto acompañado por unas secuencias lisérgicas e inverosímiles.
- Michael Nyman. Estilo y elegancia. En él, el rock está en el alma porque ver al gran pianista y compositor Michael Nyman festejando su cumpleaños en su ciudad adoptada, el DF, fue todo un gozo.
- Yann Tiersen. Lo conocen por ser el genio detrás de las piezas musicales de películas como Amelie y Goodbye Lenin, pero su versatilidad y su genio parecerían quedarle grandes por su compacta fisonomía. Tiersen prendió con todo al público que acudió a los conciertos que ofreció en el Teatro de la Ciudad.
Como cada año, es seguro que en los próximos meses conozcamos nuevas sorpresas de bandas que podrían venir a nuestro país. Por lo pronto, ya hay una lista importante de conciertos a considerar para este 2011, en los que destaca la presencia de grandes solistas, dúos interesantísimos compuestos por músicos brillantes y un buen número de bandas clásicas. Enumeramos algunos de estos conciertos:
Lady Gaga, un icono afterpop
martes, 26 de octubre de 2010
La posmodernidad tuvo su punto de clausura entre los 90 y el 2000, cuando se constataría una de las tesis principales del filósofo Jean Francois Lyotard: su conocida y multicitada idea referente a la caída de los grandes relatos del mundo moderno, idea que se constata justamente con un doble derrumbe simbólico: la caída del Muro y el colapso de las Torres, momentos que enmarcan un impasse cultural en la década de los 90, que es la zanja que se abre entre el fin del siglo XX y el inicio del siglo XXI, franja que separa a la cultura posmoderna con la cultura de nuestros días y que podríamos nombrar ultramodernidad, posmodernidad tardía o era afterpop, con sus capitalismos derivados: el capitalismo emocional (para los mediatenientes tecnológicos) y el capitalismo gore (para los marginados de la globalización).
No puedo ahondar en dichos conceptos, pero advierto que tomaré como punto de análisis el tipo de capitalismo chic y primer mundista y cómo su transversalidad influye en la cultura de todo el mundo, sea que esto lo llamemos globalización o postcolonización, y lo reduzco a la figura del consumidor al cual identifico, contra la anunciada muerte del sujeto moderno, como el sujeto renacido en la posmodernidad avanzada.
Preciso, además, que mi mirada del fenómeno posmoderno es desencanta. Esto significa, de entrada, que no miraré con nostalgia la modernidad ni la posmodernidad porque no creo en que el pasado haya sido mejor que el presente, ni que el futuro se pueda ver. No somos oráculos. No hay dioses. El futuro no está en nuestras manos pero es que en realidad nunca lo ha estado, sólo que antes el hombre moderno creyó (y ese fue uno de sus grandes mitos) que el planeta y el progreso estaban dados.
Segundo: sustraigo de la teoría afterpop los rasgos genéricos que me parecen adecuados para apuntar el tipo de estética relacional en la que el arte ha perdido su solidez y ahora gravita en una virtualidad deleznada; es decir, parto de la idea de que el arte no es sólido sino evanescente, de que las plataformas virtuales condensan buena parte de la manera en que el hombre se experimenta como sujeto y consumidor; en ese sentido, las tecnologías son un añadido ineludible en la categorización del prototipo humano, es decir al sujeto tardoposmoderno sus herramientas le son consustanciales.
Aunado a esto, opto por una desacralización del arte, y, más que verlo en la manera romántica en que lo toman desde Novalis, Schiller, Fichte hasta Burger y Adorno, prefiero lanzarle una mirada amoral que es morderlo: el arte no restituye al sujeto escindido con el absoluto; el arte es también (además de sus contenidos fenomenológicos) una mercancía más del complejo mercado virtual del globo. Además, creo que la separación entre arte culto y arte popular massmediatizado es una reacia convención que sólo sirve para academicistas, puristas y cocteleros esnobitos que fetichizan a los objetos artísticos y reifican en ellos sus frustrados sueños de erudición.
El arte es expresión de lo humano suspendida en un instante que puede sugerir totalidades más nunca convertirse en Una. Ahora… puede que sea todo lo contrario.
He llegado aquí al punto que nos reúne, o bueno, que publicita mi ponencia (me pregunto: ¿la publicidad y la venta están fuera del espacio puro de las humanidades?): Lady Gaga.

Si pensamos en una figura ultramoderna coyuntural no encontraremos ninguna más sintomática que la cantante estadounidense Stefanie Germanota, o sea Lady Gaga, sobre todo si nos detenemos en su estética performativa más que en el aspecto musical. Anticipo que el tratamiento que haré de esta cantante se detendrá en el aspecto estético visual y tecnológico del fenómeno, con un breve análisis que borda los límites del régimen afectivo perteneciente al capitalismo emocional; además, esbozaré las relaciones que se pueden establecer entre dicha estética y el prototipo humano que surge en la era afterpop, el homo sampler; y ubicaré escenas, fotogramas, de la estética particular de Lady Gaga, que muestran los rasgos de una cultura que se define por la apropiación de los modelos del pasado para su reconversión, la basura como sustrato de los objetos de lujo, la emergencia de lo abyecto como carácter auténtico y en la que las categorías tiempo, espacio, sexo y arte se han vuelto relativas.
Estoy seguro que más de uno (bueno, tampoco creo que sea una multitud) se preguntará ¿qué diablos tiene que ver Lady Gaga con un coloquio sobre Literatura y Posmodernidad en una mesa titulada “Un realismo por imaginar”?
La primera vez que supe de la existencia de Lady Gaga fue hace dos años, cuando me propusieron hacerle una entrevista en su primera visita a México, aquella vez ella era casi una desconocida y sería la telonera del concierto del “reencuentro” de los New Kids on The Block, una banda pop que prendía durísimo cuando yo era un niño. Dije que no porque a mí me gusta el rock y no las fresadas poppies de grupitos y figuritas ñoñas para adolescentes. Eso pensé. Sin duda, ignoraba que Germanotta se convertiría en poco tiempo en el gran fenómeno massmediático de la hora.
Pasó el tiempo y debo confesar que los videos y actuaciones en vivo de la cantante, es decir el aspecto performativo, lo cual significa: su lado narrativo y ficcional, desde el primer instante me causaron una especie de fascinación emanada de la pulsión erótica inherente a su estética y también a la risotada que entrevera su irónico y exagerado uso de los referentes poppies. Pero no sólo eso. Lady Gaga posiblemente me hubiera pasado como agua de no ser porque en el momento en que vi por vez primera el video “Bad Romance” de la cantante, yo traía la cabeza cargada con una serie de ideas que me parecieron muy rompedoras, ideas que me fueron sugeridas por la lectura del libro Homo Sampler de Eloy Fernández Porta. Yo vi el video de Lady Gaga y dije: “uorale… ¿qué onda con esto?”.
A Eloy Fernández lo conocí en enero de este año y sostuvimos una plática, que por lo menos a mí me pareció interesante: tuve la sensación de que entrevistaba a un rockero que te habla lo mismo de Baudrillard que de la serie Padre de familia y que se atasca de Chetos aunque es tan flaco como un yonqui. Fernández Porta es profesor de Nuevos Ámbitos Literarios en la Universitat Pompeu Fabra, en Barcelona, a él se debe el término afterpop; de hecho junto con su amigo, el físico y escritor Agustín Fernández Mallo, presenta un show de spoken word llamado Aftepop Fdez & Fdez; Eloy se hizo acreedor este año (2010) del codiciado Premio Anagrama de Ensayo por su libro €®O$.
Aquella charla se dio en el contexto de la visita de promoción de su libro Homo sampler. Mientras tomábamos un cafecito en la azotea del Centro Cultural de España, con el sonido de fondo de vajillas más el imborrable cilindrero defeño y a la sombra de un sol que caía intenso sobre el asfalto, le pregunté: “Recordando a Jameson (de quien Porta fue alumno en el 2002 en la Universidad de Duke), si hay alguna tarea pendiente para el intelectual o los artistas, ¿se ubica en la frase un realismo por imaginar?”
Eloy contestó: “No lo sé ―dijo. Yo creo que más bien la asignatura pasa por el terreno de los afectos”, contestó. Y pensé: “quihubo, ¿cómo que por los afectos?”
Su propuesta sobre la exploración de la vitalidad pragmática de lo humano en el terreno de los afectos quiere decir que éstos son entendidos como resultado de una superproducción que a su vez influye en la realidad y que hace funcionar al sistema capitalista, en la cual la afectación emotiva (que puede ir desde el amor al odio) es una transacción perenne e ineludible. Fernández Porta en su ensayo €®O$ aporta el concepto capitalismo emocional y lo explica con el ejemplo de un anuncio espectacular colgado en una calle, dicho espectacular simboliza el giro racionalista (económico) y técnico del erotismo.
El anuncio dice: “¿Tu novi @ te ha puesto los cuernos? Véngate vendiéndonos los ‘regalitos’ que te hizo.”

Este anuncio apela 1) a la sensibilidad por choque a partir de una estética de la abyección, es decir, la aparición de un referente terrible que sin embargo es real: las relaciones son efímeras, 2) lo hace desde el límite de la racionalización económica (volver a dar valor material ―dinero― a los objetos que tenía un valor intangible ―amor), y 3) establece una sexualidad indefinida (en la arroba), lo cual pone de manifiesto que la heterosexualidad definida, el sueño americano o la pareja que envejece feliz con lo años, son objetos de un museo (mausoleo).
¿Qué ví en el video de Lady Gaga? En principio esta estética de la abyección que he mencionado y que ubico en las imágenes que se enmarcan en una formulación verbal que la neoyorquina repite hasta el cansancio en ese video y en sus presentaciones en vivo: «I’m a free bitch, baby!»: soy una perra libre.
En el video Lady Gaga se representa como atracción y espectáculo de una horda de varones, ella es sierva del placer de esos machos pero al final domeña al más poderoso de los varones con un poco de fuego sexual haciéndolo cenizas: en la imagen final, Lady Gaga descansa en una cama impoluta al lado de un esqueleto quemado.
En el mismo video, aparecen dos close-up’s de la cantante sentada en una tina con unos ojos gigantescos de muñeca sexual.
Por otro lado, desde que la modelo británica Kate Moss irrumpiera en el mundo de la moda, la anorexia se elevó a modelo de belleza por excelencia: ese referente cruento, Gaga lo exagera en su propio cuerpo, cuando en algunos planos posa desnuda de espaldas a la cámara contoneando sexy su cadera pero su cuerpo, gracias a los efectos especiales, alcanza una delgadez monstruosa.La distinción de la estética como tal estriba en que Germanotta la asume como una actitud: Ella es una perra libre para decir lo que se le antoja y vestir de las maneras más impensadas (recordemos su vestido de carne tan comentado), para defender al movimiento queer en contra del añejo moralismo yanqui (sus constantes menciones sobre los gays, su participación en protestas), para desdibujar los límites entre lo público y lo íntimo (su uso obstinado del Twitter desde donde el mundo se entera de las últimas nuevas de la artista), para romper con la manera ortodoxa de vivir la sexualidad (componer una canción a partir de la idea de estar en la cama con una mujer), sobre esto último el símbolo se ubica en el video “Alejandro” donde los límites entre los géneros se diluyen: ella intercambia gestos, posturas y atuendos con los hombres que la acompañan en sus coreografías.
Esta estética de la abyección se ubica también en el referente monstruoso desde el cual ella se concibe a si misma y gracias al cual provoca un credo colectivo: yo monstruo le hablo a mis pequeños monstruos (como ella nombra a sus fans). La identificación de sus fans como seres monstruosos, raros, le ha granjeado una simpatía tal que no es casualidad que sea la persona más seguida en la red social Twitter, por encima del presidente Obama, con 6 millones de seguidores.
Esta actitud veritiva es muy pop, en el sentido warholiano del término, que es el que a Lady Gaga le importa, como ella ha referido: «mi estrategia personal como artista pop va en el sentido warholiano de la palabra».
Cuenta Andy Warhol en el libro POPism. The Warhol sixties (Alfabia, 2008) que si en los 50 hubo mucho de maquillaje y disimulo, en los 60 «las cosas se veían como eran y se dejaban tal cual… ver las cosas como eran se consideraba muy pop, muy 60», anota el artista neoyorquino, el verdadero referente y antecedente de Germanota. Tanto ella como Warhol son famosos desde antes de que los demás nos enteremos, en ese sentido su proceso de fama es inverso al tradicional (natural): ellos solitos se auto crearon una imagen de famosos para al final convertirse en iconos de época. La verdadera herencia recibida por Lady Gaga la toma desde la triada arte, espectáculo y economía, como los artistas pop de los 60, que, como apunta el célebre historiador Eric Hobsbawm: «no querían revolucionar ni destruir nada, y mucho menos el mundo. Todo lo contrario: aceptaban ese mundo, e incluso les gustaba».
En el citado libro, Warhol recuerda haber dicho: «No importa lo bueno que seas; si no te promocionan bien, no serás uno de los nombres recordados», y é lo deseaba. Lo mismo ocurre con Lady Gaga: en una entrevista publicada por la revista Rolling Stone, de julio de 2010, la cantante sugiere al reportero: «utiliza las declaraciones que me convertirán en una leyenda. Quiero ser una leyenda. ¿Estoy muy mal?».
Camaleónica es la palabra con la que la crítica promedio define su estilo. Hace un año, Lady Gaga, que ya no era la nueva chica rubia, performatizó una de las actuaciones en vivo más impresionantes y más cargadas de dramatismo e intensidad que se han realizado en la entrega de Premios MTV. Ataviada en un elegante pero al mismo tiempo estridente atuendo color blanco, en un escenario al mismo tiempo minimalista y barroco, la cantante incorporó el elemento performativo de una manera poderosa: interpretó una versión arreglada (más oscura, menos pop y con una línea vocal más grave) de su canción “Paparazzi”, acompañada de una veintena de bailarines (hombres y mujeres) de cuerpos perfectos. A mitad de su interpretación, caminó con paso serio hacia un piano en el que se sentó en un banquito y, de espaldas al público, acomodó la pierna izquierda sobre el costado del teclado para luego comenzar a moverse como una desquiciada: ella interpretaba un solo de piano que duró apenas 20 segundos. Acto seguido, la canción siguió en su estribillo y Gaga se levantó, caminó con paso cansino hacia el centro del escenario con una mirada perdida y un rostro de dolor y lamento mientras un hilo de una sustancia roja le resbala desde el corpiño tiñendo su ropa de un rojo intenso que ensuciaba la pulcritud inicial de la escena. Ahí, la interpretación vocal de Germanotta se convirtió en drama, y el público aplaudió conmovido y conmocionado en un instante extático que duró apenas tres segundos.
El escritor francés Christian Salmon escribió un interesante y agudo ensayo titulado Kate Moss Machine (Península, 2010), en él apunta una nueva categoría para ese tipo de individuos que se convierten en narradores de si mismos, como Lady Gaga. La categoría de Salmon es homo narrens: un individuo «dispuesto a todo para captar la atención de sus semejantes», como Warhol, Gaga y Kate Moss.


Así, Moss emerge en un momento en que también cambió el mundo, en que se anunció el fin de la historia (Fukuyama) y en que quienes entrarían a la edad adulta serían los jóvenes de la generación X, marcados por el movimiento grunge, que tendría en Moss a uno de sus máximos referentes por su estética lacerante, en la que los cánones de belleza se ordenarían de acuerdo con las pruebas infligidas a su cuerpo, sus marcas o estigmas, sus ojeras y sus arrugas, sus dosis de heroína, y su belleza desbaratada y frágil, en la que el protagonista es el cuerpo más que la ropa. Lady Gaga, a su modo, y a finales de la década del 2000, transgrede a su modo los cánones de belleza, moda y glamour sin renunciar a ellos.
Ahora volvemos al principio de esta ponencia. Los cambios culturales que maduran en la estética visual de Lady Gaga se gestaron en ese impasse narrativo (ausencia de relatos) que caracterizó a la década de los 90. Menciona Salmon: «una personalidad camaleónica es el ideal-tipo de una sociedad que busca sujetos capaces de adquirir sin cesar nuevas competencias, una movilidad social y una maleabilidad para adaptarse a un mercado laboral altamente volátil».
Si la necesidad de un relato de vida duradero ya no podía ser satisfecho, esto apelaba a la adhesión a nuevos relatos, susceptibles de dar protagonismo a un yo flexible, liberado del tiempo largo, abierto a todas las metamorfosis; en suma, un homo sampler, capaz de distender el tiempo y su propio cuerpo más allá de los imites cerrados que le exigía la modernidad clásica, que mezcla de modo eficaz las herramientas tecnológicas que tiene a su alcance creando una nueva temporalidad como si fuera un dj, y que adquiere peso en la medida en que maneja la información, los datos, pueda jerarquizarlos e influya en la realidad relacional de otros individuos. El proceso en Gaga no es intelectivo, es pragmático. No se pone a pensar en esto, simplemente su influencia no se podría entender sin el uso eficaz de los recursos tecnológicos que utiliza. No es casualidad que el video “Bad Romance” sea el más visto en Youtube.
Lady Gaga llegó para quedarse
domingo, 12 de septiembre de 2010
Stefani Germanotta, mejor conocida como Lady Gaga, es el gran fenómeno de nuestro tiempo. Todo lo que tenga que ver con ella es noticia y esa noticia da la vuelta al mundo en unos minutos gracias al Twitter, que ella utiliza con entusiasmo: es su propio Paparazzi. Además, Lady Gaga aparece en las portadas de todas las revistas, las de moda y las de rock, concita fans de todo tipo: gays, metaleros, niñas fresas de secundaria, profesores universitarios, neo-hipsters, neo-punketos, y neo-intelectuales; llena todos los foros en los que se presenta y gana todos los premios que una cantante de pop puede obtener.
Lady Gaga es un símbolo de nuestra época, una artista en el gran sentido de la palabra y un fenómeno de mercado que llegó para quedarse. Esa es la única manera de entender que esta jovencita de apenas 24 años de la noche a la mañana se haya convertido en una de las personalidades más influyentes de nuestro mundo y parece que la historia apenas comienza.
Desde el Pop de Warholl
Mucho se ha hablado de que la cantante es la sucesora de Madonna en el reinado del pop, y en gran parte se le ha relacionado con la icónica cantante debido a que Gaga ha reciclado los elementos visuales que Madonna utilizó cuando joven. Sin embargo, dejémoslo claro: Madonna no será su rival a vencer ni su antecesora de nada, aún y si Madonna lograra retar a las leyes naturales y conservarse buenísima hasta los 100 años, Lady Gaga tendría su lugar asegurado, porque lo que ella hereda es toda la estética pop que ingenió a inicios de los 60 el artista neyorkino (a los dos los hermana Nueva York no sólo en el aspecto estético sino también en el temperamental), Andy Warhol. Ella lo ha dicho: “mi estrategia personal como artista pop va en el sentido warholiano de la palabra”.
Cuenta Warhol en el libro POPism (Alfabia, 2008) que sus amigos neoyokinos, todos ellos artistas de renombre, le decían cosas como ésta: “la gente quiere verte. Tu aspecto es responsable de tu fama: alimenta la imaginación”. ¿No le suena muy Lady gaga? Si no lo cree repare en los estrafalarios atuendos de la morena teñida de rubia y casi al punto de la anorexia.
Cuando a Warhol alguien le decía que llegaría a ser muy famoso, él reaccionaba con una cara de felicidad; le parecía estupendo: “No importa lo bueno que seas; si no te promocionan bien, no serás uno de los nombres recordados”, dice en el libro citado. Pero lo mismo ocurre con Germanotta: en la entrevista publicada por la revista Rolling Stone, de julio de 2010, la cantante le dice al reportero a modo de sugerencia: “utiliza las declaraciones que me convertirán en una leyenda”, y luego afirma “Quiero ser una leyenda”, para terminar con una pregunta un poco ingenua: “¿Estoy muy mal?”.
Tanto Germanotta como Warhol son famosos desde antes de que la demás gente lo reconociera, en ese sentido su proceso de fama es inverso al tradicional (natural): ellos solitos se auto crearon una imagen de famosos para al final convertirse en iconos de época.
Esa es la verdadera herencia de Lady Gaga, quien toma desde el arte, el espectáculo y la economía, la estafeta del artista pop de peso. Por lo mismo cuando se la cataloga como artista pop habría que pensar que entre ella y las demás cantantes o grupos popis hay una enorme e infranqueable diferencia. Hasta por el lado anecdótico esto resulta contundente: Lady Gaga le componía canciones a Britney Spears y a Christina Aguilera; jamás canta con play-back; ella compone sus propias canciones (letra y música); se permite incorporar arreglos acústicos para interpretar sus piezas en un tono jazzista acompañándose de un piano que ella toca; sus primeros vestuarios ella misma los diseñó. Ninguna otra hace eso.
De la pasarela narrativa a la performatividad interpretativa
Hace exactamente un año, Lady Gaga haría historia, pero en términos distintos a como los haría hoy con las categorías en que ganó en los Premios MTV. En aquella ocasión Gaga ya no era la nueva chica rubia, y lo comprobó con una de las actuaciones en vivo más impresionantes y más cargadas de dramatismo e intensidad que se han realizado en esta premiación anual, que vaya que tiene experiencia.
Ataviada en un elegante pero al mismo tiempo estridente atuendo color blanco, en un escenario al mismo tiempo minimalista y barroco, la cantante incorporó el elemento preformativo de una manera poderosa: interpretó una versión arreglada (más oscura, menos pop y con una línea vocal más grave) de su canción “Paparazzi”, acompañada de una veintena de bailarines (hombres y mujeres) de cuerpos perfectos. Caminando con paso serio hacia un piano se sienta en un banquito de espaldas al público y sube la pierna izquierda en el teclado del instrumento. Interpreta como una desquiciada un solo de piano que dura 20 segundos. Acto seguido, la canción sigue en su estribillo mientras Gaga se levanta y camina con paso cansino hacia el centro del escenario mientras un hilo de una sustancia roja le resbala por la ropa tiñéndola de un tojo intenso. La interpretación vocal de Germanotta gana en intensidad sin que pierda la afinación. El público aplaude conmovido y conmocionado.
El escritor francés Christian Salmon en su interesante y agudo ensayo Kate Moss Machine (Península, 2010), apunta una nueva categoría para ese tipo de individuos que se convierte en narradores de si mismos, como Lady Gaga, que se sirve de sus atuendos, sus videos y sus conciertos para presentar una identidad camaleónica: la categoría de Salmon es homo narrens. Un individuo “dispuesto a todo para captar la atención de sus semejantes”, como Warholl, Gaga y, dirá el francés, Kate Moss.
El performance de Lady Gaga en la entrega de Premios MTV de 2009, es un eco de lo que 20 años antes hizo la modelo británica pero en una pasarela de moda y no en un show de música: en uno de los primeros desfiles de modas en que participó Moss, inspirado en la huida de Anastacia, la hija pequeña del zar Nicolás II, el diseñador de modas John Gilliano le dijo: “OK, Kate, te persiguen los lobos”. Moss entró a la pasarela y se puso a correr “como desesperada” con su figura esquelética, baja de estatura y frágil que también transgredirían los cánones de la moda.
Años más tarde, Moss encarnaría (con muy poca carne) el prototipo de belleza que pervive hasta nuestros días. La misma motivación la comparte Gaga: ella se convierte en un monstruo a partir de la moda, incluso se asume como un monstruo a quien nadie quería en la secundaria. Por tal motivo todos los freaks y no tan freaks del mundo encuentran en ella un reflejo perfecto. Gaga cada vez que habla de sus fans se refiere a ellos como “my little monsters”. Su primer disco (en su versión complementaria) se llamó The Monster Fame.
Así, Gaga es la diva de una época en la que se tiene una actitud muy pop, como diría Warhol, la cual consiste en “ver las cosas como son”. En el fondo la estética de Gaga es una metáfora del cambio constante: cuando nuestra personalidad se ve obligada a mutar (rápidamente) de acuerdo con las circunstancias, mutación que nos convierte en mutantes, pero ante la cual se puede mantener una esencia. Por eso Lady Gaga repite hasta el cansancio: “I’m a free bith, baby”, sin más.
Diva de la era digital
Más de 270 millones han visto "Bad Romance" en Youtube. y en total todos sus videos han sido vistos más de 908 millones 853 mil veces en su canal de dicho sitio.
Más de 64 millones de visitas en Myspace, donde sus canciones han sido escuchadas más de 423 millones de veces.
Más de 5 millones 987 mil seguidores tiene en Twitter, donde es la persona más seguida.
A más de 16 millones 867 mil les gusta su perfil de Facebook.
Hace un par de semanas, el cómic biográfico Fame: Lady Gaga (Bluewater, 2010) se agotó el día de su publicación.
Los boletos para su concierto en el Foro Sol se agotaron el mismo día que se pusieron a la venta. Con el anuncio de su nueva fecha, la cantante será una de las pocas personalidades que se hayan presentado en tal escenario en dos o más fechas consecutivas. Se une a la lista que integran Radiohead, Metallica, Depeche Mode y Paul McCartney.
Arrasa Lady Gaga en los MTV VMA 2010

La lista incluye: Mejor Video Pop, Mejor Video Femenino, Mejor Video Dance, Mejor Coreografía, Mejor Dirección (para Francis Lawrence) y Mejor Edición (Jarrett Fijal) fueron los astronautas que también obtuvo con "Bad Romance" la intérprete.
Lo mero bueno vino cuando recibió de manos, ni más ni menos que de Cher (ese ya era un guiño para advertir quién iba a ganar). Gaga subió al escenario y con lágrimas en los ojos dijo: "Prometí que si ganaba este premio iba a decir el nombre de mi nuevo disco: se llama Born this Way", y comenzó a cantar una estrofa de dicha canción, con lo que su emoción y su primicia dieron la nota.
Por otro lado, debo decir que he quedado sorprendido con la organización y con la ceremonia de los MTV Video Music Awards 2010. enía fácil unos 10 años que no veía una premiación ya que me parecía que todo el concepto MTV había caído en una ligereza y vanalidad abismal, ahora entiendo que nunca fue algo pesado porque antes tocaran casi puro rock, entonces creo que me he reconciliado, sobre todo cuando en materia estética son unos maestros. Nada que ver con aquellos premios en los que Kurt Cobain se pegaba con su guitarra luego de aventarla hacia arriba y de tan pedo no cacharla, o de Beavis & Buthead presentando a los ganadores, o de Axl Rose tocando al piano sentado en una moto.
Este escenario era algo impresionante, la coordinación de la iluminación y los tonos hacían de cada interpretación una ambientación distinta, muy particular. Vaya que los gringos se pintan solos para estas cosas. El Teatro Nokia de los Ángeles recibió la ceremonia que fue conducida por la comediante estadounidense Chelsea Handler.
Lady Gaga, más allá del pop
domingo, 5 de septiembre de 2010
A propósitio de que mañana empieza (y termina) la preventa de boletos para el concierto de Lady gaga en nuestro país, una ligera reflexión sobre lo que esta chica simboliza.
La expectación que la joven neoyorkina Lady Gaga causa a su paso en todo el mundo es el gran fenómeno de nuestro tiempo. Nadie puede negar que Lady Gaga es mucho más que un producto de consumo, una artista de música pop o un icono de la moda.
Pero, ¿su fuerza el es conferida por la coyuntura o porque en realidad ella es una revolución? De acuerdo con dos autores que hablan sobre el desarrollo de un tipo humano, el francés Christian Salmon y el catalán Eloy Fernández Porta, ubicaremos a Lady Gaga como el prototipo ideal humano de una nuestro tiempo, caracterizado por la velocidad, la indeterminación, la atemporalidad y la intensidad sexual.
Es así como podemos explicarnos que esta jovencita de apenas 24 años de la noche a la mañana se haya convertido en una de las personalidades más influyentes de nuestro mundo.
No por nada, casi a diario el trending topic más popular del twitter (nuestro más actual método de información, engaño y levantador de encuestas) tiene algo que ver con Lady Gaga: que alcanzó la mayor cifra de amigos en el facebook o en twitter; que sus videos son los más vistos del youtube; que la nueva canción asciende como la espuma al primer lugar de las listas más importantes; que si es hermafrodita, que si regresa con su novio, que si prepara un “himno generacional”, que si va anunciar el nombre de su nuevo disco a las cero horas del primero de enero de 2011, que si se avienta al público en un escenario chiquito del Lollapalooza…
Todo lo que tenga que ver con Lady Gaga es noticia y esa noticia se convierte en éxito. Todos sus atuendos causan sorpresa: para ella nunca hay demasiado, y esa sorpresa se transforma en tendencia. En todas sus entrevistas hay un elemento espontáneo, y esa espontaneidad se vuelve viñeta, ironía y motivo. Lady Gaga está en las portadas de todas las revistas, y concilia entre sus fans a los tipos más variados: gays, metaleros, niñas fresas de secundaria, profesores universitarios, neo-hipsters, neo-punketos, y neo-intelectuales.
Usando la ficción para autodefinirse brinda una alternativa de identidad: la del monstruo, así conecta inmediatamente con sus “pequeños monstruos”, sus fans, desde la autoafirmación violenta. Kate Moss fue el símbolo de ese impasse narrativo que va de la caída del muro de Berlín a la Caída de las Torres. Lady Gaga es el símbolo de los tiempos virtuales del Google Earth.
Kate Moss, la performatividad de la moda (homo narrens)
Dice el escritor francés Christian Salmon en su interesante y agudo ensayo Kate Moss Machine (Península, 2010) que el homo oeconomicus o el homo faber son prototipos humanos ya rebasados, y si bien acepta la permanencia del homo ludens menciona que este da paso a un nuevo tipo: el homo narrens, que es “narrador de si mismo, dispuesto a todo para captar la atención de sus semejantes”, hasta el grado de cambiar de look según las circunstancias para autoinventarse una serie de narrativas efímeras que correspondan consigo y con las que se otorgue valor a sí mismo.
Este tipo lo ubica en la modelo Kate Moss, que en uno de sus primeros desfiles de modas, el correspondiente a la colección primavera/verano 1990 de John Gilliano, inspirado en la huida de Anastacia, la hija pequeña del zar Nicolás II, ante la única indicación que le dio el diseñador de modas:
“OK, Kate, te persiguen los lobos”, Moss reaccionó desafiando a las convenciones: se puso a correr “como una desesperada” sobre la pasarela, dirá Gilliano. Con ese hecho espontáneo Kate Moss incorporó el elemento preformativo al desfile al interpretar un papel sobre la pasarela.
Pero la emergencia de este nuevo prototipo humano, el autor la identifica desde la aparición de las primeras fotografías de la modelo, entre fines de los años 80 y principios de los 90, pues transgrediría por completo los cánones de la moda y el glamour: Kate Moss sería el anti-tipo de la modelo perfecta, con sus dientes demasiado largos, sus piernas arqueadas, su delgadez extrema, la indeterminación de su anatomía infantil, y su rostro constelado de pecas.
Así, Moss emerge en un momento en que también cambió el mundo, en que se anunció el fin de la historia (Fukuyama) y se habló del fin de los relatos del viejo mundo moderno (Lyotard), un momento en que quienes entrarían a la edad adulta serían los jóvenes de la generación X, marcados por el movimiento grunge, que tendría en Moss a su referente con su estética lacerante, en la que los cánones de belleza se ordenarían de acuerdo con las pruebas infligidas a su cuerpo, sus marcas o estigmas, sus ojeras y sus arrugas, sus dosis de heroína, y su belleza desbaratada y frágil, en la que el protagonista es el cuerpo más que la ropa.
Bueno, pero ¿y Lady Gaga?, se preguntará usted amigo lector. En el ensayo de Salmon, por diversos momentos, parece que bien podría estar refiriéndose también a Lady Gaga: ella transgrede continuamente los cánones de la belleza, de la moda y del glamour sin renunciar a ellos; incorpora como elemento lúdico de su presencia física, la indefinición sexual; maneja con audacia y creatividad el juego de las apariencias con sus looks camaleónicos.
En la década de 1990, dice Salmon, “una personalidad camaleónica es el ideal-tipo de una sociedad que busca sujetos capaces de adquirir sin cesar nuevas competencias, una movilidad social y una maleabilidad para adaptarse a un mercado laboral altamente volátil”.
Si la necesidad de un relato de vida duradero ya no podía ser satisfecho, esto apelaba a la adhesión a nuevos relatos, susceptibles de dar protagonismo a un yo flexible, liberado del tiempo largo, abierto a todas las metamorfosis. Kate Moss es el inicio. En Lady Gaga el proceso ha madurado, se ha hecho consciente.
La artista afterpop (homo sampler)
Pero además de lo anterior, Lady Gaga pregona la inmediatez de los afectos y la postura cruda y verdadera frente al amor: I’m a free bitch, baby! es más que la frase de una canción, en Lady Gaga resume una postura ante la sexualidad femenina y ante el amor. Lady Gaga no es una femme fatale. Ella es la sexualidad polivalente encarnada en un cuerpo femenino. La canción “Poker face” surge de haberse imaginado en la cama con una mujer mientras hacía el amor con su antiguo novio.
Eloy Fernandez Porta en su ensayo €®O$,, ganador del Premio Herralde 2010, da a nuestra época el nombre de capitalismo emocional, y entre sus muchos ejemplos, habla de un anuncio espectacular que simboliza el giro racionalista (económico) y técnico en el erotismo. El anuncio dice: “¿Tu novi @ te ha puesto los cuernos? Véngate vendiéndonos los ‘regalitos’ que te hizo.”
El anuncio apela a la sensibilidad por choque a partir de una estética de la abyección, es decir, la aparición de un referente terrible que sin embargo es real: las relaciones son efímeras. Y lo hace desde el límite de la racionalización económica (volver a dar valor material ―dinero― a los objetos que tenía un valor intangible ―amor). Además de que el anuncio establece una sexualidad indefinida que manifiesta que la tradicional relación heterosexual ha sido trascendida.
Lo mismo hace Lady Gaga desde el plano estético-visual y de ideas. La citada frase es el referente más inmediato de esta estética cruda. Pero sus videos están cargados del elemento erótico economizado: el video “Paparazzi” manifiesta la venganza de una mujer traicionada; el video “Bad Romance” la presenta como una mujer que domina y que goza de acuerdo con las circunstancias, que se asume hasta como una muñeca sexual hiperrealista; en el video “Telephone” hace lujo de la indefinición sexual tanto como en el video “Alejandro”.
Sus shows son la representación de distintas historias, todas ellas volátiles pero igualmente intensas. Su estética hace un random de las distintas fases de la moda (incluso las del futuro) y de esta manera mezcla épocas y estilos para crear una imagen auténtica que como el homo sampler, de Fernández Porta, mezcla de modo eficaz las herramientas tecnológicas que tiene a su alcance creando una nueva temporalidad como si fuera un dj.
Confirmado: Lady Gaga viene a México
martes, 31 de agosto de 2010
Era obvio que no vendría para el Bicentenario. Pero también era obvio que México no quedaría fuera de su inagotable ruta de conciertos. Lady Gaga viene a nuestro país en mayo, y los boletos se venderán desde la próxima semana, ocho meses antes de su visita.
Se presentará primero en Guadalajara y después al Foro Sol de la Ciudad de México, los días 3 y 5 respectivamente. Aún no se dan a conocer los precios de los boletos en el Foro Sol, pero dado el precio más caro del estadio Tres de Marzo ($1,700), es probable que oscilen entre los $2,000 y los $500. Ojalá no se pongan tan culeros los de Ocesa que ¡ay, cómo se las gastan!
Reposteo (no de respostería) desde la página de "el sopitas" este video de Cartman interpretando "Poker Face". muy divertido.
