Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas

Memoria de soles, en el Cervantino

jueves, 4 de noviembre de 2010

El fin de un sol y el agua como metáfora de oportunidad

La coreografìa de Cecilia Lugo, una mirada crítica a México

El agua como símbolo de flujo, vida e higiene. De esta mandera, se alude al elemento vital en el espectáculo dancístico creado por la coreógrafa y maestra Cecilia Lugo, directora de la Compañía Contempodanza, como encargo especial para conmemorar los bicentenarios en el 38 Festival Internacional Cervantino, el cual lleva como nombre Memoria de soles y toma de la clara alusión a la mitología prehispánica que habla sobre los ciclos de los soles como épocas (dicha cosmovisión dice que estamos en el quinto de los soles) justamente el aspecto transitivo de sus relatos: crisis-fin-acabamiento-ruptura- apertura y, finalmente, opotunidad.

La obra de Lugo hay que mirarla con atención porque se trata de una de las creaciones artísticas más pertinentes y más bellas (en un sentido profundo y no inmediato) que se han producido con miras a reflexionar en torno a la noción México, que es (además de una palabra) un mito, una verdad, una convención y una ideología, según sea el caso.

Lugo parte de una mirada multidisciplinaria para crear una pieza que es baile pero que tiene su fundamento en el ritmo de la poesía, en la intensidad de la prosa, en la explosividad de la palabra, en la tempestividad de la música, en lo cruento del aullido y el grito y en la claridad del agua.

Un texto de la novela Camino a Baján del historiador Jean Meyer leído con la pastosa pero potente voz del actor Damián Alcázar marcan el guiño simbólico que dota a la pieza de una claridad reflexiva y crítica que encuentra eco en los movimietos corporales de los bailarines.

Con música de autores entre los que destacan Eugenio Toussaint, Eduardo Soto y Joaquín López, más un vestuario acertado y espléndido confeccionado por Alita Wilburn y una escenografía que nos sitúa en la versión fantasmagórica del México profundo, presente en la narrativa de Juan Rulfo, la obra se presenta a si misma como un ciclo pero uno que jamás podrá cerrarse y que exige como premisa lavar el cuerpo, lavar la vida y lavar los crímenes y engaños del pasado.

El agua es, pues, la metáfora perfecta de un país envuelto más que en sierras, envuelto en mares a los que hay que volver la mirada como si en ello nos fuera la vida. Por más que el agua y su majestuosidad puedan convertirse en un abismo oscuro y profundo. Ya lo decía Nietzsche: precisamente en eso consiste la valentía, en saber que el abismo nos mira y aún así somos capaces de devolverle la mirada. El agua refleja nuestro espíritu. Exige del alma mexicana mirarse con valentía.

Memoria de soles se presentará en el DF los días 13 y 14 de noviembre en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

Alondra de la Parra, al Auditorio (30 noviembre 2010)

martes, 19 de octubre de 2010

Una directora muy fashion

En la conferencna de prensa a la que asisitió elegantemente vestida y donde respondió a las preguntas de la prensa, siempre con un tono agradable pero sin perder la seriedad, la directora mexicana Alondra de la Parra, cuando le preguntaron sobre su estilo, dijo: "mi estilo de dirigir o de vestir". La confusió no fue tanto porque De la Parra hubiera querido hablar de si está a la moda o no sino porque la pregunta del reportero fue un tanto confusa, enredada y hasta forzada.

Este simpático episodio, habla de una verdad: De la Parra encaja de manera perfecta con el prototipo del icono del espectáculo: bella como modelo de shampoos o como actriz protagónica de telenovela; densenvuelta como una figura de autoridad y talentosa, una personalidad sui generis.
El encanto de la directora Alondra de la Parra inicia en su sencillez y juventud, cualidades con las cuales, además de su calidad y talento comprobado, ha cautivado a miles de personas no sólo en México sino en todo el mundo. Su éxito la hace sentir que está viviendo horas extras:

“Ya viví mucho más de lo que pensé que podía vivir”, relata conmovida la directora de la Orquesta Filarmónica de las Américas, al recordar una confesión muy íntima que les hizo a sus padres hace poco más de 10 años.

La directora Alondra de la Parra es un fenómeno. Sí: es una mujer muy joven. Pero eso no es lo importante. Para ella no es cuestión de género: “Yo uno mi parte femenina con la masculina a la hora de dirigir y poder pedirle a los músicos que ninguno flaquee”, dice. Lo fundamental de esta bella artista es que es inteligente, preparada, abierta a la experimentación y multidisciplinariedad artística, dinámica, y es uno de los directores de orquesta jóvenes más importantes e influyentes del momento en todo el mundo.

“Si pienso en que vivo horas extras, ¡imagínate!: el Auditorio no estaba en mi vocabulario”, confiesa la joven directora, quien en tan sólo unos meses ha vendido 40,000 copias de su disco Mi alma mexicana (ubicado en segundo lugar en las listas de discos más vendidos, después de Luis Miguel), y que el próximo 30 de noviembre debutará junto con su Orquesta en el Auditorio Nacional con un concierto que dará inicio a una nueva serie de presentaciones bajo el nombre Mi alma mexicana, Gira Revolución que promete ser un recorrido por la música orquestal mexicana.

Poner a los mexicanos
en el menú internacional

Una vez que comenzó a llevar la batuta de la Orquesta de las Américas, De la Parra pensó que era importante sumergirse, primero que nada, en la música de su país. Y luego ya poder ahondar no sólo en su alma mexicana, sino poder producir “Mi alma venezolana”, “Mi alma brasileña”, “Mi alma argentina”, etcétera.

La directora se puso a investigar. Llamó a sus maestros y colegas y comenzó a conseguir las piezas, recolectando discos o bajándolas de Internet para guardarlas en su iPod. El resultado: en su reproductor digital metió alrededor de 200 obras sinfónicas mexicanas que escuchó durante semanas hasta llenar su alma con ellas. De esta investigación surgió Mi alma mexicana, que será la base del concierto en el Auditorio.

“Siempre me frustró mucho ir a otros países -lo dice con autoridad pues ha dirigido orquestas en más de 30 países-, y ver que sólo se tocaba, si acaso, “Huapango de Moncayo”, que es extraordinario, pero es muy poco. Por eso yo quiero que en los conciertos de las grandes filarmónicas del mundo, la música mexicana sea parte del menú: que Revueltas, Castro, Chávez estén al lado de Mahler, Debussy, Wagner. Y que no nomás nos pongan en ese concierto de Día de Muertos, con chilaquiles y papel picado”, comenta.

De la Parra, además de darle valor a las obras históricas nacionales, no pierde vista el presente: “A nivel México hay mucho talento: un Márquez o un Ibarra son extraordinarios”. Y, si bien no opina sobre temas institucionales o del presupuesto 2011 para Cultura, sí promueve una “hermandad” entre los músicos: “Si revisamos la historia del arte, en los momento en los que los artistas se juntan, se producen los grandes movimientos”, acotó.

Todos sucumbimos
ante el poder de la música

El 15 de septiembre del 2010, Alondra de la Parra ofreció, como ella misma confiesa, uno de los conciertos más memorables en su carrera, que se realizó a los pies del Ángel de la Independencia con motivo de los festejos del Bicentenario. Aquella tarde, De la Parra miraba desde la ventana de su cuarto de hotel el desfile conmemorativo que transitaba sobre Paseo de la Reforma, y cuando ya se acercaba el momento de su presentación, le temblaron las piernas:

“Quise tomar un Sputnik e irme. No puedo explicar la sensación de ese día, mientras disfruté de nuestra cultura, con la gente y junto a esas extraordinarias cantantes (Natalia Lafourcade, Ely Guerra y LoBlondo, que la acompañaron cantando en vivo)".

Tanto aquel concierto como la gira que realizó en septiembre, han fortalecido en ella la idea de que “"hay que quitar ese mito, ese tabú, esa snobería, en la cual se piensa que el arte es sólo para la élite. Porque lo único que tiene que hacer una persona para disfrutar la música en un concierto es sentarse ahí. La música solita los convertirá en víctimas", puntualiza muy segura la directora.

Y concluye: “"la educación musical es vital para el desarrollo de cualquier país”".

La venta de boletos del concierto iniciará a partir del día de mañana. Más infirmación en el sistema Ticketmaster, por Internet o en la página web del Auditorio Nacional

Cáncer de olvido, con Roberto Sosa

domingo, 26 de septiembre de 2010

Una obra dura sobre el futuro cercano de México

Todos estamos de acuerdo en que los mexicanos hacemos chistes de todo, incluso de nuestras mayores desgracias. Eso "está bien, pero esto no significa que nos valga madres", me platica entusiasta pero al mismo tiempo serio, el talentoso actor mexicano Roberto Sosa, quien personifica en la obra de teatro Cáncer de olvido a un escritor disidente, Martín Serrano, que, en un distópico México en el año 2012, presa de la censura es encarcelado, maniatado y vejado por el poder político y mediático, que ulteriormente (como le ocurre a Alex de la Naranja mecánica) lo reincorporan a la vida pública haciéndolo traicionar sus ideales.
El actor me recibe en un atuendo totalmente negro, afuerita del teatro Helénico, sobre avenida Revolución. En la prepa me decían que me parecía a él y eso me re emputaba pero ahora hasta se me hace simpático. Creo que feos estamos los dos pero él bastante más delgado y con una nariz más pronunciada. Al parecer Sosa quiso comprobarme esta intuición de mis compañeros de la prepa, pues cuando llegué con él resultó que tenía los mismos tenis que durante el último año he presumdo en todos lados. Los nike lunalite color negro con suela color naranja que cuando eran nuevos estaban poca madre. Le digo: "¡mira!, traemos los mismos tennis, sólo que los míos ya están rotos". Las pesuñas de mis dedos gordos con el paso del tiempo se encargaron de horadar unos pequeños agujeritos que se le veían como ojitos pispiretos a los condenados Nike. "Sí los míos son cómo alguna vez estuvieron los tuyos", me contesta. Así rompimos el hielo y entramos asuntos más serios porque aparte nuestro querido Robert tenía que entrar a prepararse para la función.

"Sí hay que reirnos (y en el monólogo la risa brota de una manera insesante pero armónica con el conjunto de la obra) pero hay que tomárnosla en serio, porque si no sí nos va a dar un pinche cáncer (como país) del que no nos va a librar nadie", apunta Sosa.
El actor precisa: "Tenemos unos males terribles: en términos de vivienda, educación, salud, servicios públicos, alimentación, trabajo, que son cuestiones fundamentales para que funcione cualquier sociedad. Lo que proponemos en esta obra (escrita y dirigida por Vìctor Salcido) es ver esa realidad y pensar qué podemos hacer cada uno en lo que haga porque este país requiere un trabajo de hormiga e incansable para que salga adelante".

El argumento de Cáncer de olvido consiste en contar las horas (días, tal vez) subsecuentes a la captura y encierro de Martín Serrano, escritor crítico y de renombre que "no está de acuerdo ni con la Iglesia, ni con la derecha ni con la izquierda ni con la guerrilla", y que en escenue en sus tribulaciones en soledad comienza a entrar en una especie de esquizofrenia (qa se resuelve con brillantes desdobles de personalidad interpretados por Roberto Sosa), y cuestiona los símbolos más fuertes de nuestra nacionalidad (la bandera, los héroes, los mitos, la religión, la Madrecita mexicana, la Morenita del Tepeyac), justo en un año neurálgico para la reflexión en torno de la patria.

La crítica es contundente desde el título: Cáncer de olvido; es decir, cuando el olvido se convierte en una operación regular, cuando el poder prefiere simular a reparar, y se llega a un estado más semejante a la esclerosis: el entumecimeitno total, la gangrena de la propia cultura y la anulación del porvenir. Ese cáncer es el mal de México, no obstante, el actor mantiene el optimismo: "si lo detectas a tiempo, todo cáncer se pude erradicar con una buena quimio".

La reflexión es necesaria porque "este es un país en donde cada vez hay más militarización y mayor polarización de ideologías, más violencia, más gente armada. ¿Qué pasaría si en México se completa una militarización total, si hay un toque de queda o una ley marcial?

"Los años por venir, no sólo en términos electorales, sino de crecimiento y desarrollo como sociedad son fundamentales", puntualiza categórico el actor.

Por último, Roberto Sosa comenta que la experiencia de llevar a cabo un monólogo es algo maravilloso, es algo que como actor (y vaya que tiene experiencia) nunca había hecho: "Lo gratificante de este tipo de trabajo es que se convierte en un experimento vivo, y tú lo sientes de cerquita y lo manejas: sientes como el público está pulsando y cómo te va retroalimentando con sus reacciones y su ánimo y ante ello como actor uno tiene que abrirse".

De héroes y mitos, Enrique Krauze

domingo, 19 de septiembre de 2010

Desmitificar a los héroes: un paso a la libertad

Una vez terminada la celebración ostentosa, larga y espectacular que consistió en un magno desfile alegórico por avenida Reforma más un triada de actos performativos en plena Plaza de la Constitución el pasado 15 de septiembre, se nos ofrece la oportunidad de contra argumentar de forma crítica tales festejos que tuvieron mucho de despilfarro y lucimiento pero poca reflexión y una muy infeliz transmisión del significado de los símbolos honrados.

Con la intención de abrir más preguntas para poder entender en una mayor complejidad la situación real de México, se antojaría una reflexión que vaya más allá de saldos y juicios: con una visión desencantada de nuestro pasado, una visión en la cual se ponga bajo la lupa la mistificación de nuestros héroes y de nuestras tradiciones.

Eso es lo que hace, como otros pensadores e intelectuales de la actualidad, el historiador mexicano Enrique Krauze, quien tentado por ofrecer una reflexión en torno del tema coyuntural del Bicentenario, escribió el libro De héroes y mitos (Tusquets, $179), un pertinente y muy interesante ensayo con un tono muy personal y honesto, en el que el autor no busca ofrecer una verdad última o una reflexión final sobre el sentido de conmemorar 200 años de vida nacional o de la significación de tal o cual héroe patrio en particular.

Aporta, en cambio, una lectura sencilla (nada academicista) que es a la vez profunda (crítica de la historiografía e incluye a los propios historiadores de su generación) e indaga en los rasgos de nuestro pasado e historia que resplandecen en nuestro presente.

Uno de estos aspectos es la afirmación de la Historia de Bronce, la cual en síntesis consiste en la idolatría (casi religiosa) de los héroes de la Patria. El autor parte de la siguiente idea para hilvanar su reflexión: los héroes son necesarios y deseables, pero así como en la infancia funcionaron como motores de ideales y de imaginarios, en la adolescencia o en la madurez deberían ser revisitados para que en nuestra conciencia los desmitifiquemos y finalmente podamos exhumar (y con ello traerlos a tierra firme) a los seres de carne y huesos que la historia oficial (de la mano del pensamiento católico) elevó a un Panteón olímpico inmaculado, y alejó de una comprensión cercana y humana. Así expresa el autor el objetivo: "bajar a los héroes y tomarnos un café o un trago con ellos".

El texto de Krauze es una reemergencia muy afortunada de un intelectual que se cuenta entre los favoritos del poder político, pero cuya reflexión pone en duda las ficciones sistemáticas en torno de las cuales se ha querido e insistido en construir y sustentar una identidad nacional. Si alguna duda cabe sobre la vigencia de esa Historia de Bronce, el autor hace alusión al más reciente traslado de los restos de los héroes de la Independencia, desde la Columna en donde pende el Ángel dorado hasta el Castillo de Chapultepec, hace unos meses.

La crítica de fondo en este libro de Enrique Krauze retoma una idea de Octavio Paz, que el autor de El laberinto de la soledad dejaría como tarea pendiente a los países latinoamericanos: dar espacio a la crítica; es decir, aprender a mirar de frente la historia y la cultura (y a uno mismo como ente social) con el fin de ponerlas en duda y hacerles tantas preguntas como sea posible; en otras palabras, que nuestros países puedan superar las visiones mesiánicas y las polarizaciones acríticas que obedecen a un pensamiento religioso y mágico y no racional, posturas que han impedido la reconciliación entre los mexicos disímbolos: desde los liberales y los conservadores, en tiempos del que Krauze acota como el gran acontecimiento que encarrilaría a México en la modernidad de Occidente, y que tristemente ha sido olvidado por los políticos mexicanos de la actualidad quienes deberían haber conmemorado los 150 años de su gestación: la Consttiución de 1857 y la ulterior Reforma; hasta los panistas y perredistas de nuevo cuño que en 2006 tensaron los ánimos civiles casi al límite de la confrontación directa y violenta.

Krauze consigna textos, estudios, anécdotas, charlas agudas con colegas suyos y se da tiempo de hacer historia comparada. De esta manera, elabora un texto coyuntural, importante para la coyuntura misma pero de una profundidad que trascenderá a este momento concreto, aunque es consciente de que tan solo abre una veta: no es conclusivo.

Uno de los mayores aciertos del texto es la justa supresión de la ideología del autor y la honorable apelación a los historiadores que han trazado el camino hacia la verdad: desde Daniel Cosío Villegas, Frank Tannenbaum o Luis González y González, como grandes historiadores mexicanos, hasta los contemporáneos del autor a quienes trata con mucho respeto: Arnaldo Córdova, Jean Meyer, Lorenzo Meyer, entre otros.

Queda para nosotros como reflexión la pertinencia de los festejos bicentenarios. Krauze apunta algunos lineamientos o sugerencias que van dirigidos más en la línea del empoderamiento de Obama como Presidente de los Estados Unidos: con un poderoso uso, actualización y apropiamiento de los símbolos vitales de su patria. Una ceremonia más puntual, más simbólica y precisa en los detalles hubiera sido para el caso mexicano una buena opción.

México goza de innumerables símbolos: En principio, esa avenida por la que circularon los carros el pasado jueves y que conecta a los grandes monumentos alusivos a los momentos neurálgicos de la historia Patria (el Castillo y su peso simbólico para entender la segunda mitad del siglo XIX y la Reforma; el Ángel de la Independencia, y la estructura cupular del inacabado Congreso que se transformaría en monumento a la Revolución), ese mismo desfile que caminó por enfrente del Hemiciclo al Benemérito de las Américas, personaje central del periodo reformista, Benito Juárez, desfile que en su parte conclusiva anduvo por Lázaro Cárdenas (el último presidente general) para entrar directo en el Zócalo y su Templo Mayor, su Catedral metropolitana y su Palacio Nacional. Incluso El Coloso contenía un símbolo poderoso; su problema fue no ser comprendido. Krauze apunta hacia una reconciliación seria con la historia. El 15 se perdió una oportunidad.

Desfile Bicentenario inicia con Coloso (ideas)

martes, 14 de septiembre de 2010

“Será épico”, prometen

Gran expectación ha causado la conmemoración de los 200 años del Grito de Dolores, en el Zócalo del DF, cuando nuestro señorito Presidente, Fecal, hará un homenaje a ese momento neurálgico para la historia de nuestro país, con el cual se lograría la independencia de la Colonia española en 1821. Mucho se ha escrito sobre la actualidad de la Independencia y la Revolución. Mucha crítica también se ha hecho sobre la naturalidad y autenticidad de aquella gesta iniciada por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, gesta entre criollos que sirvió para crear un nación partida, que tristemente, luego de 200 ,no ha logrado estructurar un proyecto acorde con sus grandes problemas: desigualdad social, antimodernidad, caciquismo y caudillismo, y despojo y menosprecio de los sectores más populares.

México es una ficción como todas las naciones. Sobre la identidad nacional debo decir lo mismo. Como me dijo hace un par de meses un historiador español, Tomás Pérez Vejo: México existe porque hay personas (mexicanos) que creen que existe. Y sí, México es tan real como mi nombre y como mis apetitos o mis anhelos. Sin embargo la realidad no es absoluta ni finita ni cerrada. por lo tanto jamás habrá eso que llamamos una esencia de lo mexicano. Yo, al menos, no la tengo, y si un elemento no la tiene no podría ser esencial ya que debería envolvernos a todos con su manto luminoso.
Bueno. El chiste es que mañana es el gran festejo. Me parece un asunto menor pensar qué es lo que hay que festejar y si se debe o no, incluso si se debe matizar el discurso diciendo: celebrar, conmemorar, festejar, etc. Como dijo el Presi "que festeje el que quiera", coincido con esa idea pero consciente de que la digo como ciudadano y de que si esa frase la dijo un individuo que se hace llamar Jefe de un Estado Nación llamado México bajo el cual quienes viven se dicen mexicanos, no debo mas que apuntar que la frase dicha habla de la inoperancia, inaprestancia y desafectación de un íder que de líder no tiene nada y de jefe apenas el nombre.


Pero dejemos a Calderón en paz que ya me parezco al Peje.


Elenita Poniatowska, que de repente puede ser muy crítica pero también puede decir Joaquincito a López Dóriga, se quejó de la cantiad de recursos que se han invertido en el magno evento preparadao para la noche de mañana. Me parece más una declaración para cumplir con el supuesto papel que debe cumplir un intelectual que se siente de izquierda ante un evento que en el papel parece será inédito en la historia de cualquier festejo patro de alguna nación que conmemore su nacimiento.


Ese hecho no es menor. Entonces, podemos hablar ahora de laz razones. Nadie le dijo al Gobierno que se necesitaba gastar (una cantidad que se ignora) tanto dinero. Por otro lado, nadie esperaba cualquier cosita ni actividades eruditas y de reflexión exclusivas para una tardoelite pseudointelectual del país. Así que esta manera de conmemorar parece la más adecuada y la más correspondiente con el espíritu que ha caracterizado a la historia del pensamiento mexicano en la generalidad; en síntesis se expresaría así: hay que apantallar. No es dar pan y circo. No: es rozar los límites del buen gusto y la gradilocuencia, la superproducción mediante la reproducción de los elementos culturales atávicos y la sacralidad a partir de a ficción que permite el flujo de capital.


Es decir, se trata de una celebración snobista pero pública y dialéctica: o sea, no es elitaria sino compartida porque sin el indio o el pobre o el mexicano promedio no existiráin los otros, los que no saben nada de nada más que de cómo acumular fortuna y que manejan los destinos del país. Esa dialéctica nos hermanará en el Zócalo y sus cuatro puertas: la Catedral (elite) religiosa, la Catedral (elitista) federal, la Catedral (elitaria) local y la Catedral (selecta aunque no escogida) económica. Esos cuatro costados que mirarán a la raza tremula reptar, endrogarse, bailar, gritar, empedarse hasta la madrugada. Ese valor dialéctico se recrea cada 15 y 16 de septiembre sólo que ahora alcanza un nuevo status, el status snobista: somos hermanos en el despilfarre y la indolencia. No importa si hay muertos, injusticia o crisis. Todo sea por México. Ese orgullo craso que es lo único jodido de celebrar. Porque estaría perfecto que para todos fuera motivo de celebración, que sirviera para reunir a los amigos, para disfrutar. Pero lo que es escandaloso es la intensificación del afecto vácuo o superfluo: el amor por una indetidad elusiva reificada en una bandera, unos colores o una playera. Los afectos son los dañinos en torno de lo que se considera mexicano. Así, vivimos afectados por la negación recurrente de una mentira fundacional. Así, crecemos condenados a no aceptar la realidad ni a preocuparnos por ella. Entonces, ¿vale la pena juzgar que un señor llore mientras grita ¡Viva México! una vez que ha sido conminado por la autoridad cuasicelestia que jala la campanita de los "Dolores"? Pues no. Entonces, ni una cosa ni otra. No se puede juzgar eso, pero sí criticarlo. Y criticarlo significa mirar hacia el mundo interior común (no esencial ni imutable) pero en el que coincidimos todos los que vivimos aquí y que nos da un nombre: mexicanos. Mirar de manera descarnada y autoreferencial a partir de la mirada pública. El trabajo es casi imposible porque exigiría que al mismo tiempo que nos dejamos ser pongamos atención al momento general para entender el sentido total de la foto. En suma: lo único que nos queda es dejar ser (en cuanto a celebración y afectos se refiere).


Yo quiero ir al Zócalo porque quiero ver, también por curiosidad y también porque sé que (pase lo que pase: salga bien, explote un coche bomba o cientos de granadas, le dé un paro a Caderón, me muera asfixiado, se cancele por lluvia) nunca más, mínimo en los próximos 100 años, ese lugar que ha palpitado con intensidad durante siglos, ocurrirá algo parecido. En el fondo, esa sería la exigencia, por contradictoria que pueda parecer, por más contestatarios que se nos antoje reaccionar, por más descreídos de la política que seamos.
El día de hoy, entrevisté a la persona que hizo la escultura que se va a armar y levantar una vez que culmine el desfile. Su nombre es Juan Carlos Canfiel (con sus clásicas puntadas, Gancy me prguntó en la tarde si era Juan Carlos Garfield, y eso me pareció muy gracioso) y él creó junto con otros escultores de su taller en Cuernavaca, la escultura monumental El Coloso. Me dijo que era un homenaje a los muertos y a los héroes despersonalizados gracias asobre cuyos cuerpos se ha levantado una historia que si bien tiene mucho de ficción, nunca podrán negarlos. Muertos del pasado y del presente que también se dirigen hacia los muertos del futuro: nosotors. Y así, de manera maravillosa, se cumpliría en el plano físico una metáfora de lo que Rodrigo Fresán hace en su novela Mantra, en el segundo capítulo narrado por un muerto que transmite por televisión desde el Mictlán ubicado en un tiempo sin tiempo.


Así me dijo Canfield, luego de platicarme lo que observó en los últimos ensayos realizados en el Zócalo de la Ciudad de México: las luces, el humo, las imágenes proyectadas en pantallas y en la fachada de la Catedral y del Palacio Nacional. Canfield dirige el ensayo del ensamblaje de la pieza de 20 metros de altura, que se levanta con grúas. Me dijo: “estos ensayos me dejan la idea de que será algo impresionante, a pesar de todas las dudas que se habían generado por la expectativa, el espectáculo será impresionante. Ahora mismo veo unas pantallas en las que se ve como avanza una línea de tiempo referente a la historia de México. Vale la pena el evento. Será una de las cosas más importantes que han ocurrido en México, y estará a la altura de cualquier evento de clase mundial".Esto a manera de lógica con las tribulaciones que me han azotado en los últimos párrafos. Lo verdaderamente importante es lo siguiente:


“El Coloso es un símbolo de México, de su gente: los niños, las mujeres y los hombres. Su planteamiento no es triunfalista: es una pieza muy dura: un hombre con la camisa abierta, que sostiene una espada rota y que mira a la gente como si se levantara después de combatir en una guerra. Pero cuenta con la fortuna de estar vivo y poder mirar su presente." “Definitivamente no es un héroe, sino un símbolo en homenaje a los muertos, a los seres anónimos y es, además, una reflexión con sentido fúnebre en un momento tan delicado como el que atraviesa el país (con miles de ejecutados)."


Esto: una reflexión con sentido fúnebre: una reflexión seria como la expresión de El Coloso, un aspecto en el que pocos van a reparar pero que estará presente ahí mirando como ninguno al Poderoso emPinado, siendo testigo del sacrificio humano que se desvivirá por ocupar un centímetro cúbico de esa plancha: una prestancia tan noble como la de los antiguos aztecas o jugadores de pelota a quienes honraba la idea de poder morir a manos de un sacerdote en pleno Templo Mayor. La crítica estará ahí y será silente. Por lo mismo más poderosa, y por lo tanto tan sutil como los tiempos lo requieren si esta viene desde el interior del propio aparato u ocurren en el seno del sistema ciudad. No sé en el fondo de quién es la idea. Pero el detalle en la mirada, las vestiduras, el rostro, el bigote y la espada (!rota¡,:es decir, ¡ok, ya, suficiente de muertes. No moriste. Ahora no sigas matando!). El hecho es simbólico pero contundente: permanecerá más tiempo de pie que ninguno de nosotros. La diferencia estriba en que apesar de que emula a alguien vivo en realidad no es caliente como nosotros sino frío.

A diferencia de El Coloso (pintura de Goya) que fue creado en plena Independencia española, batallal contra Francia que debilitó a la Corona y permitió la madurez y triunfo de las revoluciones independentistas de América. Este nuevo Coloso se crea en la conmemoración de la Independencia de México respecto a España. El Coloso triunfa de nuevo, se alza triunfante. El de Goya salió desnudo del combate y sin armas, abandonando la ciudad. Probablemente luego se puso traje de gala y armas sofisticadas. El resultado en la nueva escultura es la ruptura del arma, condición necesaria para poder advertir una posibilidad de futuro. Una lectrua que sólo podría darse 200 años después, una vez que se ha topado ante el fracaso continuado.Probablemente (seguramente) México no cambie el rumbo, no corrija. Sería una pena ver tantas vidas rotas. Más penoso aún será saber que se pudo hacer algo pero se prefirió el olvido y la simulación, el "apantallamiento". La fiesta de mañana es ineludible y será un espectáculo. Como tal hay que tomarlo, vivirlo y hasta disfrutarlo en términos estéticos, porque se hablará de la ficción mexicana, una de las ficciones más acabadas del mundo contemporáneo, porque si así no fuera Octavio Paz le habría cambiado la visión al país y la gente le exigiría menos a su selección de futbol. Por decir algo.

¡Salud!


El Coloso

La pieza El Coloso se comenzó a idear en enero de 2010.La idea inicial fue construir una escultura monumental de 50 metros de altura; con el paso del tiempo y por motivos logísticos se redujo a 20.Consiste en un esqueleto en PVC reforzada con barras metálicas y zapatas de acero en los puntos de carga. Por dentro se ubicaron cables flexibles de acero. Y se cubrió el esqueleto con elastómero de poliuretano y pintura que diera la apariencia de mármol blanco mexicano.Pese ha haber sido construida con materiales ultralivianos, por sus dimensiones, alcanza un peso aproximado a las 7.5 toneladas.La tallaron 15 diseñadores, constructores y escultores profesionales del taller Casa Canfield, en Cuernavaca, Morelos.Luego de su levantamiento se mantendrá de pie en el Zócalo durante varias horas. Aún no se conoce donde será ubicada finalmente.

El ríduclo Aleks Syntek y su tema bicentenario

sábado, 21 de agosto de 2010

Nuestro querido Sergio González Rodríguez publica esta pertinaz reflexión e torno de la ridiculez de Alex Syntek y su ofensa nacional que lo llevó a cometer el primer acto radical en su mirserable carrera artística: abandonar twitter. (subiría el link pero como son bien "selectos "los del Reforma, pos pego la nota)

Pobre güey, aparte se pone como todo mamado cuando es un pinche gordo jodido. Es broma, ha de decir él. Pero seguro se le ha de antojar al cerdo.

El país de Syntek y Lópeks, en el periódico Reforma Sergio González Rodríguez 21 Ago. 10 Molesto porque en Twitter recibió críticas e insultos por cantar la tonada El futuro es milenario, compuesta por él y Jaime López como tema oficial del festejo del Bicentenario, el cantante Aleks Syntek decidió su retiro temporal de tal red social. Uno habría esperado que, en lugar de eso, anunciara por lo menos un retiro espiritual, o musical de semanas, o meses mejor aún, que le permitiera meditar sobre los hechos: la canción es bastante mala en letra y música, además de oportunista y llena de ridiculez respecto de la realidad que vive el País.

"Nacimos para cantar/ Nacimos para bailar/ Nacimos en el lugar/ Del Cielito lindo"... Aleks Syntek advirtió, y así lo declaró, que los mensajes en su teléfono móvil eran "cuchillos que se clavaban en su estómago". Sus fans le rompieron el corazón. Por lo menos, debe agradecerles que ya tiene materia para inspirarse en su próximo álbum. Eso sí, llama la atención que personajes públicos como el cantante de El futuro es milenario parezcan vivir de espaldas a una realidad que es bastante más compleja que una canción... de Jaime López.

Y si los insultos son inadmisibles, las críticas están lejos de ser, como dijo él, una muestra de intolerancia. Vaya que el País está descabezado, como lo muestran estos versos fáciles y el folclor caricaturesco de Jaime López: "El mundo tiene razón/ Que México es puro amor/ Es flor que se da al calor/ Del horno de barro". De risa loca, tanto como el exorcismo de politólogos que sostienen que "México no ama la violencia".

El cantante y el compositor de la tonada en cuestión tuvieron a bien aceptar el compromiso gubernamental, ahora deben asumir sus efectos. A nivel creativo sorprende que, convocados a expresar su talento, tanto el cantante como el compositor hayan registrado una auténtica regresión: El futuro es milenario repite el tipo de letra y música que imperó en los concursos melódicos del locutor televisivo Raúl Velasco en los años 70, y que de cara a un alcance continental de entonces buscaban reafirmar el acento nacionalista frente a otros países de América Latina. Incluido el coro pop "sha-lala-lá". Muy bonito. Los festejos del Bicentenario pueden observarse, al igual que Alfonso Reyes quería ver a México en una nuez, en la cáscara de los tonadilleros referidos: un acto globero, cantarín y soñador.

En otras palabras, el reflejo fiel de los estereotipos de lo popular como una representación literal de nuestro presente y hasta de nuestro futuro: "Más siglos para el amor/ Más siglos para el color/ Más siglos de una canción/ Serán bienvenidos". Tal chatarra musical resulta idónea bajo una vida pública estragada por la ineficacia e irresponsabilidad de gobernantes que han reducido la política a un simple karaoke de declaraciones. Por ejemplo, las 28 mil víctimas por la "guerra" del narcotráfico y el mil por ciento de incremento de delitos, sobre todo contra los derechos humanos por parte de policías y militares en los últimos tres años, representan, desde el punto de vista oficial, la ocasión para emitir sarcasmos zafios: "si ven polvo, es porque estamos limpiando la casa".

Mejor que guarden la escoba. Mientras, crece la inseguridad en el País. Paródica, estrecha y obsedida por las frases publicitarias que se gritan como afirmación de una mente jodida y cervecera en su fatalidad insondable ("orgullo que se comparte"; "gozamos la variedad"), el tema oficial del Bicentenario dibuja de cuerpo entero el vacío gubernamental y su resonancia mercenaria: "La plaza se va llenando/ Lo bueno está comenzando/ Unidos por lo que venga/ al son del Bicentenario". Sólo tenemos una cosa que agradecerles al dúo Syntek-López: el morbo de paladear este regocijo agridulce.

Mundial de Sudáfrica según Freilax

miércoles, 19 de mayo de 2010

A ver si sale así
O a ver qué tan alejada queda

De octavos de final pa'delante.



(doble click pa'verla más choncha)






Entonces el próximo lunes (23) vamos contra el que será el campeón del mundo...

sí, ok, según mi imaginario mundo

Adiós Tlacuache

jueves, 6 de mayo de 2010

Hace Bazooka infeliz alusión a niña Paulette

El éxitoso programa de radio El Tlacuache llegó a su fin el día de hoy, después de que fuera sacado del aire mientras se desarrollaba su transmisión en vivo en la cadena Los 40 principales.

Alrededor de las 10:20 de la noche, El Bazooka Joe y compañía con su peculiar estilo irreverente llegaban a la sección conducida por el Niño con Barba, que consiste en que el público llama a la estación y este personaje les responde cualquier tipo de preguntas.

Una de las personas que llamó preguntó cómo se hacía un niño envuelto. Entre risa y risa, el Bazzooka Joe hizo una alusión a la niña Paulette (obvia alusión) que soltó la hilaridad en la cabina e, intuimos, en gran parte de los radioescuchas, pero también la molestia de también un probablemente amplio sector.

No pasaron ni diez minutos más cuando una de las llamadas despertó la incertidumbre en los radioesuchas: pedían hablar con el Bazooka pero en privado.

Iñaki Álvarez y el Niño con Barba siguieron con la conducción del programa dando claras muestras de que algo no estaba bien al interior de la cabina. A los pocos segundos, la señal fue interrumpida cuando aún faltaba más de media hora para que concluyera el programa.
Los miembros del programa, alrededor de las 11 de la noche, fueron confirmando, uno por uno (el primero de ellos, el Bazooka) la noticia vía twitter.

El Niño con Barba en su último mensaje decía lo siguiente:
"Gracias a todos y desafortunadamente no nos permiten dar más información sobre #ElTlacuache. se acabó."

Los 40 Principales pertenece a Televisa, empresa que no podría darse el lujo de soportar un exabrupto como ése. Da mucho para pensar la presteza con la que se actúo, en este caso porque más allá de las consideraciones polémicas es evidente que en este país por más que se crea en la libertad de expresión (por más que se valgan cierto tipo de bromas o no) los hilos de la que pende son muy delgados y lo que se puede decir o no lo siguen determinando unos cuantos medios y poderes.

Es una tristeza. Pero también es una estupidez la que cometieron estos jóvenes que hacían reir a miles en cadena nacional de lunes a jueves.

Nos quedamos en las 117 semanas, y como dijo el Niño con Barba: "ni siquiera en martes".

Día Mundial de la Libertad de Prensa, mayo 3

martes, 4 de mayo de 2010

El riesgo de la veracidad

México es un país en el que no se puede hablar de democracia en el amplio sentido, y en otro un poco más reducido como el periodismo tampoco se puede hablar de libertad de expresión, idea que podemos leer en el libro Cómo se escribe un periódico (FCE) del periodista español Miguel Ángel Bastenier.


En razón de esto y tan sólo un par de días después de haberse conmemorado el Día Mundial de la Libertad de Prensa, es pertinente mencionar que el barómetro de Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha dicho que en lo que va de año han muerto nueve periodistas mientras que 165 han sido encarcelados; además, menciona que al menos 120 personas han sido detenidas por informar a través de Internet, que se ha convertido en un medio cada día más vigilado por las autoridades en países como Irán, Rusia o Cuba.


Por su parte, el PEN Club México, en voz de su presidenta Jennifer Clement, recientemente apuntó que “desde 2004 a la fecha han sido asesinados en México 32 periodistas, cinco de ellos en lo que va del 2010” y en aquella ocasión urgió garantías de que el Gobierno muestre intención de asumir los compromisos asumidos en Ginebra sobre protección a periodistas.


El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) aporta un dato de miedo: 90% de estos asesinatos quedan impunes. La falta de voluntad política, la autocensura o el miedo a las represalias de grupos narcotraficantes son en México las causas más comunes para no investigarlos, RSF los llama predadores de la libertad de prensa: políticos, gobernadores, jefes religiosos, capos, etc.


Para el CPJ, con sede en Nueva York, el caso mexicano es cada día más alarmante. "

México es un descalabro. No he visto nada igual en mi vida. El clima de autocensura es brutal. No tiene ninguna comparación, ni siquiera con los peores de años de Colombia. Hay una fuerza corruptora tremenda",
aseguró Carlos Lauría, portavoz el CPJ en una entrevista que le realizó el diario El País en días recientes.


Pese a ello en el país, aún hay periodistas con la ética necesaria para jugarse la vida (lo que Bastenier cataloga como desprecio por) en su búsqueda de la veracidad, pero ¿por qué hacerlo?


Una realidad tiene que ser contada


Hay una realidad que crea el discurso oficial que “validan” sus paleros en algunas redacciones de periódicos pero hay otras realidades que el periodismo de verdad, el periodismo auténtico, ese que privilegia el lugar del público o de la sociedad, debe indagar.


“Hay una realidad que tiene que ser contada”, afirma nerviosa la periodista Marcela Turati, tal vez el simple recuerdo de sus investigaciones le recorre con escalofrío el cuerpo, ella junto con otros colegas suyos presenta en el libro La guerra por Juárez (Planeta), coordinado por el periodista Alejandro Páez Varela, una serie de viñetas sobre un lugar de riesgo para el periodista por excelencia en nuestro país, Ciudad Juárez:


Santaclóses que extorsionan; simulacros en las escuelas para prepararse ante una balacera; una persona que embalsama cuerpos en el Semefo local que no puede tomar vacaciones porque ha de zurcir cuerpos horadados en más de 120 puntos; la convivencia diaria con la muerte al grado de que personas alertan con un letrero afuera de sus casas que dice: “prohibido tirar cadáveres”.


Vivir con el miedo


Por un lado el narco pero por otro el sistema corrupto e impune que consiente al crimen. La labor personal del periodista es reprimida por que

“se mete donde no debe”
(es el bisbiseo que tramposamente alerta) y porque busca la lógica y la transparencia en un país turbio.


“El miedo no te lo puedes quitar”, dice consternada e insegura la reportera de Contralínea, Ana Lilia Pérez; a pesar de encontrarse al interior de su oficina la sensación del miedo la persigue.


“Llegué a andar con escoltas dos meses, salir del país en dos ocasiones.

No es fácil tener que dejar a tu familia. He pensado que por ahora no puedo tener hijos… porque no puedes estar corriendo a cada rato”,
confiesa la autora de una investigación prolija y precisa sobre la red de complicidades al interior del Gobierno que han producido el dispendio y el desvío de recursos de la paraestatal PEMEX en las administraciones federales panistas, el libro lleva por título Camisas azules, manos negras (Grijalbo) y fue publicado hace unos meses.


¿Por qué hacerlo?

“Sé que en esta administración, mínimo, no va a disminuir el riesgo para los periodistas. Pero lo que queda es seguir trabajando porque tenemos la responsabilidad de sacar a la luz lo que no está bien en el país, cuestionar, investigar y señalar, afrontando los riesgos”, dice mientras se muerde los labios.


Literatura, otra forma de expresión


El periodismo y la literatura, sobre todo en México, desde el siglo XIX han sido profesiones afines, grandes literatos han contado el día a día de nuestro país, desde modernistas como Francisco Zarco o Manuel Payno, hasta los periodistas de los tiempos que corren como Sergio González Rodríguez o Víctor Ronquillo, quien comenta:


“Como periodista me ha tocado realizar muchos investigaciones sobre estos temas de narcotráfico e impunidad. Sí estriba muchos riesgos porque en estos momentos no tenemos garantías para realizar este trabajo de periodismo e investigación.


"En algún tiempo se me atacó en mi credibilidad como periodista, y recibí amenazas veladas pero al final yo sigo publicando, escribiendo y esos temas ahora los quise abordar desde la perspectiva de la literatura porque te permite abundar y reflexionar más a fondo en torno de estas realidades”, advierte sin ufanarse.


“Cuando uno está en Culiacán o en Ciudad Juárez o alguna otra ciudad caliente pues sí, uno teme”, confiesa Ronquillo quien desde hace unos años trabaja en una trilogía sobre la impunidad que permite el despliegue de la lógica del crimen en México, se trata de tres novelas de las cuales ya publicó dos, Sicario y Secuestro (Ediciones B), cuyo personaje central es el periodista Rodrigo Angulo.


En Sicario le da rostro a “uno de estos caídos en la guerra del narco” y en Secuestro (la más reciente) indaga sobre los “resortes profundos de la corrupción y la impunidad donde no sabemos si los secuestradores son policías o viceversa”, comenta.


Y es justamente la impunidad, la falta de democracia, la que convierte al periodismo en un oficio peligroso y, como ya dijimos, se traduce en que México sea un descalabro en materia de libertad de expresión.


Yann Tiersen vuelve (loco) a México

domingo, 25 de abril de 2010


Tiersen es mucho más que "Amelie"

Finalmente, después de generar gran expectación entre la audiencia mexicana, el musicalmente excéntrico, aparentemente introvertido pero poseso y extrovertido por la gran gama de instrumentos con que interpreta, Yann Tiersen volvió a nuestro país con más furia y rock que la esperada.

El día de ayer (sábado 24 de abril), ofreció un concierto memorable en la misma sala que lo recibiera hace tres años, el Teatro de la Ciudad, y no defraudó a nadie si lo que buscaban presenciar era un artista virtuoso, atrevido y nada contenido, desafiante pero respetuoso de su público, cálido y amable, lúcido y esquizofrénico al mismo tiempo, es decir, Yann al natural, el joven músico en cuya cabeza ya despuntan algunas canas.

A sus casi 40 años, el músico francés brindó un amplio repertorio y sorprendió a los asistentes, sobre todo a aquellos que sólo conocían de Tiersen las dulces melodías que creó para la cinta "Amelie", pues interpretó algunos detalles de dichas piezas a través de un crisol llamado estridencia (es decir lo frenético y a la vez exquisito y embriagante del rock).

Por ello, entre el público vimos a personas de todas las edades, abuelas en primera fila, madres en los balcones y jóvenes entre desquiciados (también por el rock) y tranquilos (que esperaban otra cosa).


Pero los que iban a ver a Tiersen más allá de Amelie se encontraron una grata sorpresa, pues en el escenario se interpretaron composiciones interpretadas de forma perfecta, buena música, ambientes generados por sintetizadores muy en sincronía con la estética contemporánea que coquetea con lo electrónico desde su esencia, desde su base, guitarras eléctricas con distorsión y efectos pero también limpias y precisas acompañando con acordes sencillos, un bajo que iba de lo trémulo a lo alocado, una batería sincopada, en silencio, en pulsión espasmódica o en frenesí absoluto, y un líder, Tiersen, que no paraba, delgado y pequeño pero con esa potencia y alteridad propia de los rockeros.


El virtuosismo de Tiersen se comprueba con su dominio de muy variados instrumentos: utilizó más una guitarra eléctrica pero el concierto lo comenzó con una mandolina, también sorprendió su ejecución con un violín cuyo sonido amplificado lo dotó de un sonido eléctrico, más el sintetizador, las armónicas, los teclados, todos interpretados de una forma espléndida. Sin duda conquistó por completo a la audiencia cuando interpretó un solo de violín llevando al límite el uso tradicional que se la ha dado a este instrumento descargando del mismo un brillo y un magnificencia sorprendentes, Tiersen concluyó esa pieza exhausto y así recibió la entrega de su público.

Después de dos encores, Tiersen junto con su banda conformada por músicos veinteañeros (bajo, batería, guitarray teclados) volvió al escenario para desquiciar al foro y apelar a la incontinencia viril y juvenil que aún yace en su interior.

El concierto concluyó con ruido que sonaba bien, con la ejecución al límite de sus cuerpos, con los dedos rojos después de tocar veloz y fuerte cada uno de los instrumentos, incluso con cuerdas rotas.
Cansados concluyeron su última pieza y por esto mismo, el público se les entregó nuevamente.

Un genial concierto, sorprendente, Yann Tiersen es rock para quienes no lo saben pero si no lo saben da lo mismo, porque el rock al final de cuentas es una forma de expresión, en este caso la que se ha elegido para dar mayor contundencia a un hecho evidente: usted escuchara a un genio y eso no se lo puede (o podía) perder.

Además de su concierto de ayer, se presentará este domingo y mañana lunes también en el Teatro de la Ciudad.

Muse, Foro Sol

Un espectáculo hacia afuera

La larga espera terminó. Los muchachos ingleses de Muse se presentaron el martes pasado (20 de abril) en un Foro Sol repleto. Los más de 50,000 asistentes corearon todas sus canciones y disfrutaron de un espectáculo sui generis, muy acorde con la aplicación escénica de las tecnologías en armonía con el ambiente neo-sacro que propicia un concierto de rock.

Muse
complació a sus fieles devotos durante casi dos horas con un despliegue de luces magno e increíble interpretando canciones clásicas como “New Born”, “Hysteria”, “Plug in Baby”, “”Stockholm Syndrom”. “Time is Running Out” más la mayoría de las canciones que componen su más reciente disco The Resistance: “United States of Eurasia”, “Unnatural Selection”, “Undisclosed Desires” y “The Resistance”.

Como había comentado, Muse abrió el concierto con la canción “Uprising”, una vez que se desvelaron las tres estructuras que acompañan a los músicos durante el concierto y que sirven como pantallas caleidoscópicas llenas de vértigo: las imágenes transmiten signos agregados a la audiencia, desde símbolos matemáticos y de redes hasta referencias a las nuevas tecnologías, a las grandes urbes, a la política en las naciones, al cuerpo como subsistema de otro sistema macro como el universo entre otros.

Un debraye lleno de luz, sonidos y signos, muy bueno para alterar su conciencia.


Eran las 9:57 de la noche, cuando imágenes y sonido antecedieron a la furia armónica emanada del bajo de Christopher Wolstelholme y de la batería poderosa de un músico tan delgado como Dominc Howard, que intriga cómo es capaz de dotar de tal poder a ese instrumento, y luego la aguda, punzante y frenética melodía de la guitarra eléctrica y voz de Matthew Bellamy, quien apareció en escena portando unas gafas azul fluorescente con forma de corazón, y con un aparato del cual desprendía hacía el público un rayo láser color verde tipo espada jedi, mismo que volvió locos a los asistentes que ya habían empezado a corear: ¡Mé-xi-co, Mé-xi-co, Mé-xi-co!

Los músicos se veían contentos, sonriendo. Bellamy, hacia el final del concierto, se comunicó aún más con el público: al regreso del primero de los encores tomó el micrófono y dijo en un tono tranquilo y rítmico mé-ji-cou, mé-ji-cou. Y la gente gritó.


Espectacular, dramático, intangible, etéreo, alucinante, poderoso, festivo, lúdico, reflexivo, impactante, lúcido, caleidoscópico, armónico, violento, son algunos de los calificativos que podemos dar al concierto del día de ayer.

La última canción de la noche es aquella que el grupo inglés está convirtiendo en su propio clásico al interpretarla al final de casi todos los conciertos (antes la alternaban con “Take a Bow”, ausente esta noche) en los últimos tres años: “Knights of Cydonia”, canción que funge como cortapisas o como nota de un prometedor reencuentro: el rock sigue, “nos vemos pronto”, dijo Howard, casi en punto de la media noche.

El concierto había terminado.
Nunca se puede complacer a todo mundo pero para nadie desmentirá que este concierto es uno de los más deslumbrantes en materia de efectos visuales, de los sonoramente más limpios en la ejecución de los instrumentos y de los mejor planeados de todos los que en la actualidad recorren el globo. Y eso que se trata de un concierto de rock, de una banda que aún podemos considerar joven.

La crítica

Los conciertos de rock en nuestros días son una industria que por sí misma arroja una inmensurable cantidad de utilidades. Muse es una bandota, no como lo era hace tres años, y eso se nota: brindar un concierto de tal calidad en un magno escenario como el Foro Sol es algo enorme.

Pero aceptemos hubo algunos aspectos que no estuvieron a la altura o que matizan nuestra euforia inicial.
En primer lugar, la banda Rey Pila, el proyecto solista de Diego Solórzano, ex de los Dynamite, no tuvo los argumentos para abrirle a Muse. Más allá de que todo mundo se preguntaba, ¿y esos quiénes son?, las canciones que interpretaron carecieron de propuesta y de interés.

Más bien, nos parece que alguien les “hizo el paro” y los invitó (un amigo, puede ser) porque otra forma de que tocaran ahí no se nos ocurre.
Lo cual habla muy mal de la productora Ocesa que por imagen propia, incluso frente a las bandas extranjeras, debería preocuparse más por lo que presente.

No es nada contra Solórzano pero él mismo, con su rostro, aceptaba que estar ahí tocando no era algo de lo mejor que le había pasado en su vida. ¿No debería haber sido lo contrario? Y si no basta con lo que sintió. La banda careció de toda propuesta musical con una guitarra anticuada que busca seguir los
riffs ascendentes o descendentes ya practicados desde hace 15 años y hoy instituidos por Johny Greenwood, el vocalista con su pretencioso desaliño parece más bien un roquerito de prepa que “se codea” y que por eso se siente grande aunque sin madurez ninguna. En segundo lugar, Muse presentó un concierto luminoso que a la gran mayoría dejó en “shock eléctrico” pero si bien varias de las secuencias visuales estaban integradas a la perfección con el ritmo de las canciones, hubo algunas en los que nos dejaban descansar mucho. S

abemos que secuenciar todo un concierto y que funcione y a la vez impacte es un trabajo titánico pero en esa perfección Nine Inch Nails les ha llevado la delantera.
Ahora bien, si tomamos el aspecto comparativo con NIN y Trent Reznor, Muse va más allá. Nine Inche Nails presentó un espectáculo como si se tratara de la manifestación de una pantalla orgánica y polidimensional con una precisión de locura. Muse, tomó solo algunas pantallas e hizo con los rayos láser (muchos e intensos que se entretejían en todo el interior del recinto) no sólo un escenario vivo sino un espacio vivo, es decir, la escena era el lugar del que emanaba el show pero el concierto ocurría en todo el Foro, ocurría en todos los cuerpos y en nuestras retinas.

La experiencia


Justamente esto último fue lo mejor, cómo extender el escenario hacia fuera, cómo hacer que carezca de importancia lo que desean miles: ver a la banda, porque debido a la forma del show gozamos de momentos en los que voltear a ver a Bellamy es lo menos importante, y nos conectan con las luces, nos conectan con las imágenes para hacernos viajar desde nuestros lugares.

Pero como todo buen
plug-in (babys), nos dan un respiro y los seres reales se manifiestan para que nos desconectemos de la virtualidad: hacen cosas graciosas, o nos muestran todo su virtuosismo. Bellamy hacia el final del concierto se dio el lujo de amarrarse la bandera de México como capa de súper heroe y al final final comenzó a bailar de espaldas al público para que la gente pusiera atención a su trasero que sacudía con entusiasmo.

Como el poliedro de la portada de "The Resistance", un concierto al que asisten tantas personas da para muchísimas lecturas e interpretaciones e incluso historias. Veamos unas cuantas viñetas:

La ilusión a raudales Raúl llegó temprano, su pequeña Lucía de 16 años le había pedido que llegaran temprano para alcanzar un lugar lo más cercano a las vallas, o sea a la primera fila. El accedió a la petición de su niña: no fue a trabajar. Llegaron aproximadamente a las 12:30 del día para acceder a la sección General A, la más cercana al escenario. Lucía es güerita, tiene brackets y usa lentes, porta un pantalón de mezclilla azul y una camisa de vestir roja a cuadros, sus cristalinos ojos verdes engullen la ilusión de su rostro pero ella quiere ir al baño, ha pasado una hora con treinta minutos, son de las primeras personas que han hecho la fila pero poco a poco empezaron a llegar más.

Las personas de seguridad avisan (eso dicen que hicieron) que los que ya han llegado serán privilegiados a la hora del acceso programado para las cinco de la tarde: van a poner una barrera entre ellos y los que lleguen más adelante pero si alguien no está a la hora que a ellos se les ocurra poner la valla pues con la pena. Lucía tiene ganas de ir al baño, ¿qué hacer? Raúl le dice, “pues rápido mi nena”, y ella se va. No tarda ni cinco minutos pero cuando regresa la valla ya sido colocada y no va a haber poder humano que convenza a los jóvenes ataviados de negro y amarillo (quesque de seguridad) para que pueda acceder a la zona que había abandonado. Raúl se enoja, sabe que se encuentra hablando ante una muralla de carne y hueso, sonríe, todo esto le parece absurdo. No abandonan la lucha y finalmente logran que Lucía regrese.

A las 17 horas, cuando se abren las puertas, pasan rápidamente la revisión para encontrarse más adelante con una barrera de gorditos de amarillo y negro que les impiden correr hacia la entrada. Los dejan pasar, los revisan, acceden al Foro. Lucía está emocionada. Su padre no cree que pueda aguantar hasta que empiece el concierto. No están tan cerca y aún faltan cinco horas para que empiece el concierto. Raúl se va para atrás. Lucía no va a poder sola.

¡Viva el Méxican Págüer Dice Pedro, “pero, ¿para qué traes esa bandera, carnal?”.”Oh, pues ya ves, pa’ que se sienta el méxican págüer”, contesta Pacorro. Son las 19 horas y el calor sigue agobiando a los más cinco mil personas que ya esperan el inicio del concierto. Pedro y Pacorro se encuentran hasta adelante esperando anhelosos el concierto y recibiendo empujón tras empujón cuando no arrimón tras arrimón en la confusión de cuerpos, manos y partes humanas que se estrujan y buscan oxígeno como hamsters en una jaula.

Atrás de ellos, Luciana una chica hermosa y delgada, de piel blanca y pelo chino hace gestos, se tapa con sus dedos la nariz y le dice a su novio: “No manches, estos apestan”. Ella se refiere a nuestros especimenes del méxican págüer que sudan a borbotones y sus cuerpos expelen aromas añejos en cada centímetro de su piel.
Pacorro le dice a Pedro: “no pos todavía falta un resto”. Y su amigo contesta: “Tú aguanta. Todo sea por Mius”. Cuando Muse sale al escenario, Pacorro extiende la bandera y así la mantiene durante varios lapsos del concierto. Cuando tocan “Plug in Baby”, decide lanzar la bandera hacia el escenario. Bellamy la recoge y se la lleva. Después del segundo encore Bellamy regresa con la bandera amarrada del cuello y cayendo en cascada tras su espalda.

El periodista, ¿envidiado? Paco no se preocupa, sabe que cuando llegue a la puerta 12 del Palacio de los Deportes para que desde ahí acceda a través del puente color verde que conecta a este recinto con el Foro Sol aún tendrá oportunidad de llegar hasta adelante. Es de prensa, ¿cómo no le van a dar trato preferencial?, ¡es de prensa!, después tendrá que hablar bien del concierto y de la casa productora, ¡cómo no! Llega puntual y confiado, planea lo que va a hacer: primero va a pasar a la salita que seguramente han preparado para los de prensa y comerá algunos bocadillos, después se comprará una cerveza y verá desde lejos la actuación del grupo telonero.

Piensa: “será buena idea encontrarme a alguien para que entre los dos vayamos desplazando morros y podamos llegar más cerca del Bélami”.
Dice, “soy Paco Cesa, del periódico El Sol del Foro”. Le dicen, “ah sí, ¡pasa!”, y e abren la reja los representantes que se resguardan en una ligera carpita color azul. Espera unos minutos. Ya escucha la música del interior del Foro y la gente que se pelea por lugares, que se queja de los empujones y que espera eufórica. Uno de los representantes les dice a él y a otros chavos de prensa que ya se habían juntado en el lugar: “¡síganme!”, y pasan todos, sonríen, sube el puente, se sienten importantes, son de prensa, y de repente, empiezan a caminar hacia a izquierda.

Paco se extraña, piensa, “mmmm, no, no, es ala derecha, a la derecha”, pero comienzan a alejarse más. Llegan a un acceso, le dan su boleto, lo miran al rostro con poca atención o con una atención forzada y Paco lo ve, piensa: “¿qué?, ¡no ma!” Su boleto es Naranja 12. ¡Hasta su p… m….
Y sube decepcionado, es de prensa.

Nyman a la mexicana

sábado, 3 de abril de 2010

Festeja en México con concierto sus 69 años

Quién fuera a decirlo. De repente estás caminando en la misma ciudad de todos los días y minutos siguientes te encuentras en casa de un famoso compositor inglés, Michael Nyman, conversando con él en su estudio de trabajo y además descubres que es una persona muy atenta, mucho más sencillo que otros actores, cantantes, intelectuales con los que he tenido la posibilidad de conversar.

La diferencia es que Nyman no es cualquier famosillo, es un hombre culto, un hombre vivido, un hombre serio en su trabajo pero también un juguetón, un pícaro como el dice.

Esa foto se la tomó mi compañero David el día de la entrevista, así lo encontramos:

Sentado sobre un moderno sillón de tela rosada arrinconado en una esquina de su estudio con piso de duela, en el que hay pocos muebles, un piano y avanzadas computadoras color negro que contrastan con el blanco de la habitación, Michael Nyman, célebre compositor inglés, mira por las amplias ventas el vuelo de los pájaros al atardecer y escucha el trinar de las aves junto con el ruido de cláxones y las voces tiernas de niños que salen del colegio.


En esta ciudad (México), en su casa (en un tranquilo bario de la colonia Roma) y particularmente en este estudio se siente como en el Paraíso:

«Amo esta casa, este vecindario, aquí encuentro más placer que en cualquier otro lado, es el lugar perfecto para trabajar»,
dice Nyman, quien es conocido en todo el mundo por componer los soundtracks de películas de directores como Peter Grenaway y Jane Campion, y que el martes 23 de marzo celebró con el público mexicano su cumpleaños número 69 con un íntimo concierto en el Lunario.


“Es básicamente reconocer, ‘me siento tan jodidamente afortunado de estar en esta ciudad’, no es basura sentimentalista, aquí me siento completamente en casa, este concierto es mi forma de juntar a mis amigos y a mis fans y, por primera vez en dos años de ser un residente de esta ciudad, retribuir todo lo bueno que me han dado”, apunta.


El concierto

Nyman ofreció en solitario un concierto con canciones de su disco The Piano Sings, en el que se recopilan algunos de los temas creados especialmente para los soundtracks que le han dado fama internacional, como la inolvidable y dramática pieza “The Heart Ask Pleasure First”, de la película El piano.

En el concierto que se realizó en un ambiente muy íntimo, Nyman interpretó al piano durante aproximadamente una hora y media, se permitió repetir en dos ocasiones esta pieza con la que se le ve bastante satisfecho, cómodo, se ve que la disfruta.

Con una botella de champagne al lado, Nyman recibió con gusto los aplausos de público y amigos quienes le cantaron las mañanitas.

Durante el concierto, además, utilizó a los costados del breve escenario dos pantallas en las que proyectó algunos de sus trabajos recientes.

Los asistentes pudieron degustar el maravilloso concierto, y me incluyo, con bocadillos de alta cocina y con bebidas de calidad. Dos copas de vino y un plato de tostaditas de atún ahumado (no atún de lata, eh) completaron en micaso la velada.

Previamente dijo: “es una forma de presentar la música que considero más íntima. Amo la música de ese álbum. Es como ccompartirles, ‘esto es lo que hago cuando estoy aquí en mi casa, mientras hablo conmigo mismo, siendo un compositor’, será una especie de fiesta”, dijo, y así fue.

Prefiero México que Londres

“En Londres camino por las calles, observo a la gente, tomo fotos, paso el tiempo, voy a restaurantes, pero aquí encontré el lugar perfecto para trabajar, la ultima vez que estuve editando unos videos con mi editor Max Pugh fue formidable (como parte de la intervención en vivo en la que incrustó videos que el filmó a El hombre de la cámara (1929), película del ruso Dziga Vertov en la Cineteca Nacional, con un acto al que denominó Nyman with an HD Camera).

"Me encanta los distractores, el ruido de la calle, los niños saliendo de la escuela, comprando helados, realmente lo disfruto. Días después en mi casa en Londres no encontré eso. Hay algo en este lugar, en este vecindario, en esta casa, en esta habitación que tocar el piano se vuelve algo más satisfactorio. En ningún otro lugar encuentro ese mismo gozo por la vida. Nunca hubiera esperado decirlo esto a nadie”, acepta con ligereza y amabilidad.

“En México yo no veo el caos porque no me fijo en el caos,
he leído sobre ello pero yo no veo el crimen, no lo siento. En Londres vivo en el mismo vecindario que Tony Blair y me siento más inseguro, hay pandilleros, asesinos y muchos pasajeros agresivos en los autobuses, que son niños de entre 12 y 15 años. Pero yo camino aquí y veo cientos de flores, en la Condesa me siento más seguro que en Londres, puedo ir hacia la Doctores, la gente me dice que no lo haga, o a la Condesa y su alocada vida.

"No me he subido al Metro
porque aquí los taxis son muy baratos. De hecho dejé de usar el Metro porque me da miedo quedarme atorado en medio de un túnel, creo que es más posible morir ahí. Pero no me he subido al Metro ni en España, ni en Nueva York. Tal vez aquí debería” dice Nyman, quien en 2008 decidió comprar una en la Ciudad de México que actualmente se encuentra en remodelación.

Es una casa antigua ubicada en la Colonia Roma, en cuyo interior predomina el blanco, los espacios son amplios con grandes techos, en la decoración llaman la atención algunas antigüedades, y en el centro destacan unas prominentes escaleras en espiral debajo de un amplio tragaluz que ilumina toda la casa.

Soy un poco pícaro

Sobre sus proyectos adelantó la posibilidad de presentar su intervención a la película de Vertov en el Festival de Cine de Morelia de este año: “con este trabajado me siento un poco pícaro, sí soy un poco pícaro, me he divertido mucho, hay muchas analogías y juegos visuales en esa pieza”, sonríe y agrega que aún “recolecta” imágenes para esa pieza; gran parte del material que usa lo grabó aquí:

“hace unas semanas fui a ver a los Pumas, también grabé unos muñecos de Jesús que venden en el Mercado de Sonora, incluso ayer desde la ventana de mi cuarto grabé a un hombre que talaba un árbol”, dijo.

Nyman recomienda


• En cuanto a música dice que no escucha mucha pero si pudiera recomendar algunas piezas sin duda serían las de Silvestre Revueltas.

• Sus lugares favoritos para visitar en el DF son el Museo de Antropología e Historia, la Alameda central, el restaurante Covadonga y el Centro de la Imagen.

• Entre los amigos que frecuenta está el director Carlos Reygadas.
OnePlusYou Quizzes and Widgets
Created by OnePlusYou