Entrevista a Cecilia Appleton
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Marie Chouinard, "bODY_rEMIX / gOLDBERG_vARIATIONS", en el Cervantino
domingo, 7 de noviembre de 2010
La Danza con mayúscula es aquella capaz de transmitir de manera clara y contundente una cantidad profunda e inabarcable de emociones, pensamientos y sensaciones. Si existe en el mundo una compañía de danza que lo logra a través de la imaginación, la creatividad, el riesgo y la sencillez en contra de la pomposidad artificiosa o el ferreo apego a las formas, es la compañía de la canadiense Marie Chouinard, que este fin de semana se presentó en el Festival Internacional Cervantino, en el Auditorio del Estado de la ciudad Guanajuato.
Se trata de la danza más completa y arriesgada que se hace en el planeta: la propuesta de la obra titulada "bODY_rEMIX / gOLDBERG_vARIATIONS" interviene el cuerpo humano para presentar una metáfora sobre los límites, aporta una renovación del lenguaje dancísitico en función de una exploración vital a la performatividad que permite la música contemporánea hecha a base de synths del tipo electrónico e industrial, y es además una exploración y crítica sobre el tema de la perfección (la perfección del cuerpo, la perfección del baile o la perefección de la música) y lo hace a través de la dislocación de las articulaciones proponiendo una nueva visión del cuerpo, ya mutilado o con implantes pero siempre victorioso.
Este espectáculo fue creado en 2005 para la Bienal de Danza del Festival de Venecia. La función que ofreció su compañía la noche del jueves en el Auditorio del Estado de Guanajuato confirmó la maestría de Chouinard y puso en su lugar al circuito del arte y de la danza en México que sigue en la pomposidad del siglo XIX, en la autocomplacencia de una elite que se consiente y que arriesga muy poco o casi nada.
Al circuito del arte nacional que sigue obstinado en defender la perfección de las formas, parecería que Chouinard les hacía un guiño que consiste en la introducción de un elemento abyecto: la amputación del cisne (símbolo moderno de la belleza en la poesía y en la danza; de ahí El lago de los cisnes), y la posibilidad de proponer de un modo irónico variaciones (con esa base musical: las "Variaciones de Goldberg", de Johann Sebastian Bach) sobre un cuerpo monstruoso que no obstante tiene ritmo y ambición.
Ambición modélica que se convierte en un signo, una pauta, una estética y en una moral. Los bailarines de Chouinard, de cuerpos hermosos, perfectos, asumen con toda profesionalidad el reto que les pone la maestra y ellos elaboran, no se acartonan sino que vuelan gracias a sus múltiples prótesis (ya fueran muletas, bastones adheridos a la cabeza, boca, frente o cintura, o el uso de andaderas) desde las cuales logran los movimientos más insospechados. Los cuerpos encuentran su fuerza y plenitud en la fragilidad y su belleza en la desnudez.
La escenografía metalizada nos introduce en una visión de futuro y las luces ofrecen el tono (como el músico profesional o el aficionado que toma LSD y ve los colores de las notas musicales) en que se ha tejido el ritmo poético de cada fragmento de esta obra, cuya música fue mezlcada por Luois Dufort.
Marie Chouinard vino a México a ofrecer lo mejor de su repertorio y para los advertidos ofreció además, y sobre todo, una gran lección de lo que, no sólo la danza, sino el arte debe ser capaz de proponer. La metafóra de los límites es tan clara y tan profunda que es visible para todos, el problema es que no cualquiera la acepta. Los conformistas preferirán (como quienes suspiran y abren su abanico) voltear la mirada y quedarse en esa palabra en la que los faltos de inteligencia introducen todo lo que no comprenden: fue "interesante". La obra de Chouinard no es sólo interesante: es total, perfecta en su imperfección, abierta pero profunda y, además, lúcida y envolvente.
Los bailarines:
Kimberley de Joung, Eve Garnier, Leon Kupferschmid, Lucy M. May, Lucie Mongrain, Mariusz Ostrowski, Carol Prieur, Gerard Reyes, Dorotea Saykaly, James Viveiros y Megan Walbaum .
Algunos videos:
Memoria de soles, en el Cervantino
jueves, 4 de noviembre de 2010
El fin de un sol y el agua como metáfora de oportunidad
La coreografìa de Cecilia Lugo, una mirada crítica a México
El agua como símbolo de flujo, vida e higiene. De esta mandera, se alude al elemento vital en el espectáculo dancístico creado por la coreógrafa y maestra Cecilia Lugo, directora de la Compañía Contempodanza, como encargo especial para conmemorar los bicentenarios en el 38 Festival Internacional Cervantino, el cual lleva como nombre Memoria de soles y toma de la clara alusión a la mitología prehispánica que habla sobre los ciclos de los soles como épocas (dicha cosmovisión dice que estamos en el quinto de los soles) justamente el aspecto transitivo de sus relatos: crisis-fin-acabamiento-ruptura- apertura y, finalmente, opotunidad.
La obra de Lugo hay que mirarla con atención porque se trata de una de las creaciones artísticas más pertinentes y más bellas (en un sentido profundo y no inmediato) que se han producido con miras a reflexionar en torno a la noción México, que es (además de una palabra) un mito, una verdad, una convención y una ideología, según sea el caso.
Lugo parte de una mirada multidisciplinaria para crear una pieza que es baile pero que tiene su fundamento en el ritmo de la poesía, en la intensidad de la prosa, en la explosividad de la palabra, en la tempestividad de la música, en lo cruento del aullido y el grito y en la claridad del agua.
Un texto de la novela Camino a Baján del historiador Jean Meyer leído con la pastosa pero potente voz del actor Damián Alcázar marcan el guiño simbólico que dota a la pieza de una claridad reflexiva y crítica que encuentra eco en los movimietos corporales de los bailarines.
Con música de autores entre los que destacan Eugenio Toussaint, Eduardo Soto y Joaquín López, más un vestuario acertado y espléndido confeccionado por Alita Wilburn y una escenografía que nos sitúa en la versión fantasmagórica del México profundo, presente en la narrativa de Juan Rulfo, la obra se presenta a si misma como un ciclo pero uno que jamás podrá cerrarse y que exige como premisa lavar el cuerpo, lavar la vida y lavar los crímenes y engaños del pasado.
El agua es, pues, la metáfora perfecta de un país envuelto más que en sierras, envuelto en mares a los que hay que volver la mirada como si en ello nos fuera la vida. Por más que el agua y su majestuosidad puedan convertirse en un abismo oscuro y profundo. Ya lo decía Nietzsche: precisamente en eso consiste la valentía, en saber que el abismo nos mira y aún así somos capaces de devolverle la mirada. El agua refleja nuestro espíritu. Exige del alma mexicana mirarse con valentía.
Memoria de soles se presentará en el DF los días 13 y 14 de noviembre en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.