Mostrando entradas con la etiqueta Richard Viqueira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Viqueira. Mostrar todas las entradas

Cuerdas / Colio + Viqueira = Garantía teatral

domingo, 20 de noviembre de 2011

Cuerdas, una metáfora sobre los lazos y la sangre

Richard Viqueira es un director que sorprende. Es capaz de generar la imágenes más abyectas emulando el close-up del cine pero también, siendo fiel a su hábitat: la escena, recurre a la imaginación más sensual y contundente, esa materia que deslinda al teatro de la cinematografía y que significa su sublimación artística: el engaño.

Perteneciente a una joven generación de jóvenes creativos, arriesgados y con propuesta que integra a sus pares Hugo Arrevillaga o Alberto Villarreal, Viqueira presenta este martes y miércoles la obra Cuerdas, original de Barbara Colio, en Teatro de las Vizcaínaz como parte de la programación de la Sexta Muestra de Artes Escénicas de la Ciudad de México.

Cuerdas fue merecedora del Premio Nacional Mexicali de Dramaturgia INBA y se ha presentado este año en la Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia 2010 y también en breve temporada en Teatro El Milagro, además de dar una pequeña gira por otras ciudades del país.

La anécdota es sencilla: un trío de hermanos (Peter, Paul y Prince), después de 25 años de no verse y de no tener comunicación con su padre, deciden viajar a una ciudad del norte para volver a encontrarse con aquel convertido ya en el más famoso funambulista. Su padre los invita a verlo realizar el mayor acto de su vida: cruzar sobre una cuerda en el aire las dos torres más grandes del mundo, sin cuerdas de por medio. Es imposible no remitirnos al documental Man on Wire, dirigido por James Marsh y que ganó el Oscar en 2010, el cual trata sobre la historia del funambulista Philippe Petit quien en 1974 cruzó las Torres gemelas de Nueva York eludiendo todas las medidas de seguridad existentes. Del documental, la obra de Colio parecería recuperar la fuerza simbólica sobre la grandeza del espíritu y el pesado tránsito del tiempo.

En el camino los tres hermanos se enfrentarán con los demonios de la infancia y con los asuntos pendientes inherentes a toda relación familiar. El viaje se convierte así en una especie de camino de sanación y de reconciliación con ellos mismos y con sus orígenes. la salvación ofrecida por un hecho simbólico (artístico y circense a un mismo tiempo) ofrece poder poética a un texto que es certero, veloz y próximo, aunque predecible.

El tono de la pieza es melancólico y nostálgico. Por eso es fácil anticipar que se trata de una pieza trágica y, por lo mismo, el final no es tan duro (y tan revelador) como se antoja. Sin embargo la reflexión que propone el texto de Colio es conmovedora y valiente. Como dice Viqueira, Bárbara Colio se mete en la psique del hombre para hacer una acrobacia de altura. Es impresionante la fuerza de los diálogos y la verosimilitud del mundo del macho con todo y sus problemas. La fuerza de las imágenes y de la narrativa escénica camina a la par del texto. Los actores: Viqueira, Antonio Zúñiga, Felipe Cervera y Ángel Enciso, son como esos personajes: domadores de una cuerda consistente.

Tres maletas y una cuerda de gimnasia rítmica roja son todos los recursos escénicos que propone Viqueira, más un personaje externo, un testigo, que funciona como comodín y manipula de un modo sumamente imaginativo la cuerda roja para generar espacios y ambientes diversos.

Podría o no ser casualidad que la cuerda sea roja, pero simboliza ese lazo sanguíneo ineludible del cual somos resultado. La muerte es una metáfora central sobre el acto más importante de la vida. Hacia el final, el perdón pero sobre todo el olvido (que es más un "dejar pasar") sintetizan la vibración poética de este drama: vibran las cuerdas de la vida que hemos sido siempre, aunque nosotros seamos incapaces de poner atención. Vibran y nos hacen caer.

Ternura suite, de Edgar Chías

jueves, 11 de agosto de 2011

No hay ternura pero sí mucho snuff
Toda una provocación, la nueva obra teatral de Edgar Chías

Aquello que durante siglos fue conocido como Teatro (un espacio en el que un animador y un público concertaban un pacto ficticio a manera de entretención, juego o relación y que luego se dividio en tres unidades, y más adelante se acotó a un espacio vacío con actores y público) ha dejado de existir. Existe el teatro y sus múltiples formas experimentales. Esta formulación verbal que puede parecer atrevida, vista con profundidad, es algo que ya se ha anunciado desde hace algunas décadas. La razón por la cual volvemos a ella es porque actualmente se encuentra en cartelera tanto un festival (Transversales) que pone en duda los valores canónicos de la escena, y una obra de teatro que se sale del molde tradicional: Ternura Suite.
La más reciente obra de Edgar Chías es, sin duda, una texto dramático; es decir, escrito para ser representado; es también un hecho escénico que sin la escena pierde toda su fuerza y es también una provocación que roza los límites de lo espectacular, un acto que sin la influencia de los medios de comunicación masiva (incluidos el cine y la televisión), sin el impacto de la aceleración de la vida (síntoma de nuestro tiempo trans-histórico) y sin la estética más abyecta jamás imaginada (la verdad contada desde su lado más cruento, aquel que es imposible maquillar), no podría entenderse.

Ternura suite, como lo ha dicho su autor, es una obra que hay que ver como se mira Anticristo, de Lars von Trier. Porque la obra maestra del cineasta solo puede ser entendida si somos capaces de salirnos de nuestros moldes. La obra de Chías solo puede ser vista si somos capaces de salirnos de nosotros mismos y nos metemos en los cuerpos de la Anfitriona (Beatriz Luna) y el Visitante (Emmanuel Morales). Una tarea difícil. La provocación de Chías es redonda, es cruel, y es cínica.

No apta para cardiacos ni para estilistas del arte. No apta tampoco para defensores de las buenas conciencias. Tampoco apta para alguna liga protectora de animales. Mucho menos para cualquier mente infestada de fervor religioso, ideológico o feminoide. Ternura suite, de todo lo que muestra, lo que menos tiene es ternura. Sino todo lo contrario: escozor, odio, barbarie, infamia, turbiedad.

La anécdota es lo de menos (una mujer es asaltada y violada en su propio departamento y, por azares del destino, tiene la oportunidad de vengarse y aprovecha la ocasión), lo que importa es la sensación de extrañamiento y hostigamiento con la cual el espectador forzosamente saldrá al termino de la función. Cómo lograr esta sensación, era un reto mayor que se impuso el dramaturgo, pero para lograrla no solo el texto fue importante, sino sobre todo el papel y el compromiso de los actores que son de primer nivel.

Ternura suite no es Anticristo, esta última se detiene en la belleza de lo horrorífico humano. Aquella primera se detiene en lo horroroso de la naturaleza humana. Basten como ejemplo dos imágenes sumamente gráficas: el rabo de una rata viva la cual se agita en la garganta de uno de los actores; un recto humano perforado por un taladro encendido.

Con simulacro incluido (en el sentido literal y en el teórico), la pieza propone un paso más cercano al gore (videos de hiper violencia real) y sobre todo al snuff (asesinatos filmados) y no tanto a la pornografía (aunque hay desnudos, en esta pieza vemos con nítidez las partes del cuerpo que siempre se evaden -el ano, el clítoris- y no vemos aquellas que resultan más eróticas -los senos, el pene), justo en un momento en que la realidad es imposible atraparla en una secuencia de ficción. Ninguna secuencia de cine de terror es más aterradora que un video colgado en Youtube en el que un grupo de hombres le cortan la cabeza a otro individuo con un cuchillo de cocina.

Con esta pieza, Edgar Chías confirma que es uno de los dramaturgos más importantes y arriesgados de la actualidad. Lo mismo que el director de esta obra, Richard Viqueira. Tal vez se acabaron los tiempos del teatro lógico. Ternura suite se asienta en el lado light de nuestra relación con la realidad (el video) para sacudirnos las tripas, para invadirnos y para violarnos con la palabra y la imagen. No es teatro de formación. No es teatro político. Tampoco es Teatro. Para bien o para mal, estas categorías ya caducaron. Ternura suite nos toca desde la interferencia, desde la incomodidad, y nos concierne porque es sucia y cruel.

OnePlusYou Quizzes and Widgets
Created by OnePlusYou