
Grunge is Dead, Cobain vive
domingo, 5 de abril de 2009

Kurt Cobain, a 15 años de su muerte

La mañana del 5 de abril de 1994 Kurt Cobain subió al invernadero de su casa de Lake Washington con una lata de cerveza, una cajetilla de Camel Lights, un par de toallas, una caja de heroína y una escopeta, además de una carta de despedida y un bolígrafo. La carta la había redactado en los primeros minutos del día sentado en su cama frente al televisor. Se sentó en el suelo y agregó a la carta unas palabras dirigidas a su esposa Courtney Love y su hija Frances. Preparó en la jeringuilla una dosis alta de heroína. Todo de un modo tan planificado y cuidadoso como lo hacía con sus discos. Dejo las toallas a la vista para que pudieran limpiar quienes lo encontraran. Se inyectó. Mientras la respiración se le ralentizaba supo que debía darse prisa: la heroína por sí sola había fallado en ocasiones anteriores. Puso la punta de la escopeta en su paladar y jaló el gatillo.
Kurt alcanzó así su Nirvana, un instante de claridad guiado por una reflexión sobre la empatía, palabra que aparece varias ocasiones en su nota de despedida, una nota dirigida en principio a Buda, amigo imaginario de su infancia pero también una especie de alter ego.
Kurt Cobain confesó en esa nota sentirse infeliz y con un dolor físico y psíquico que no podría trascender: Quiero a la gente demasiado, tanto que me hace sentir triste a más no poder. No obstante, ya nada era capaz de causarle emoción.

Pero no todo en su vida fue tedio, enojo o desasosiego. Existe un video filmado con la cámara de los Cobain una tarde cualquiera en su casa en el que Kurt baña a su pequeña Frances: le habla con voz de Pato Donald, y su rostro esboza una tierna y cálida sonrisa que le va de oreja a oreja, una sonrisa como nunca antes alguna cámara había logrado captar; Kurt era realmente feliz.
No obstante, esa imagen también encierra los fantasmas al interior de la vida familiar: Kurt alza a su pequeña por los aires haciéndola creer que es un avioncito que regresa en picado hacia los patos de goma amarillos que esperan en la tina. De pronto la cámara se vuelve hacia el lavabo: en el soporte para cepillos de dientes se encuentra una jeringa con la que Kurt se inyectaba heroína.

Así, el 5 de abril de 1994 fue el final de una larga preparación de su muerte, la última de innumerables sobredosis. Escribe William S. Burroughs en El almuerzo desnudo: un adicto considera su cuerpo impersonalmente, como un instrumento para absorber el medio en el que vive. Cobain se aferró a las drogas para abrevarse en ese mundo.
Su muerte fue el acto final de una serie de ensayos: todas las entrevistas que Kurt realizó en 1993 incluían alguna referencia al suicidio; la escenografía del último concierto que dio, el Unplugged de MTV, emulaba la atmósfera de un funeral; quienes lo conocían podía descifrar el signo de la muerte detrás de la conducta aislada en sus últimos días. Incluso quienes no eran tan cercanos a él podían advertir que “a ese chico le pasa algo”, como diría Burroughs, después de sostener una larga conversación con su admirador Cobain, a fines de 1993; el mismo Cobain dijo varias veces: I hate myself and I want to die.
El Club de los 27
No es lo mismo morir que decidir suicidarte. No es lo mismo suicidarte que hacerlo a los 27 años. Mucho menos es lo mismo suicidarte a los 27 años y ser una celebridad en el punto álgido de tu carrera.
Kurt Cobain con su muerte entraría de lleno al club de los famosos artistas que a los 27 años decidían consciente o inconscientemente poner fin a su vida. Personajes entre los que se cuentan: Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Jean-Michel Basquiat, Robert Johnson, Brian Jones y Richey James Edwards, el más reciente de ellos, guitarrista y compositor de Manis Street Preachers.
La muerte de la mayoría de ellos al ser tomada por la lógica de los mercados quienes han valuado la juventud, talento y excentricidad que los caracterizó en vida, los ha elevado a mitos y leyendas al servicio del dinero.
- Charles Cross, Heavier Than Heaven
- Kurt Cobain. Diarios
Carlos Santana, Palacio de los Deportes
lunes, 23 de marzo de 2009
El mayor guitarrista que ha dado esta tierra, Carlos Santana, llenó con su “luz” a su público mexicano ávido de música, baile y pasión la noche del domingo en el Palacio de los Deportes como parte de su gira Vive Tu Luz Latinoamerica 2009.
El concierto comenzó alrededor de las 19:20 hrs. con las imágenes que hicieron recordar a los asistentes a aquel joven mexicano que se atrevía a compartir los lamentos, alaridos y tararareos de su guitarra con los grupos experimentales reunidos en Woodstock en 1969, imágenes acompañadas de la primera canción de la noche, "Soul Sacrifice".
Santana, ataviado en una larga camisa negra con una imagen de su “patrona”, la virgen de Guadalupe y un sombrero blanco, nos hizo olvidar el paso del tiempo, ya que resulta impresionante la energía que él, al ritmo de sus dedos danzando sobre una hermosa guitarra verde, y los extraordinarios músicos que lo acompañan son capaces de proyectar; él con sus 61 años y aquellos oscilando entre los 45 y 50 aproximadamente.
Todos ellos, hombres, quienes a la par que su líder en escena parecerían declararse fieles devotos de la luz que sólo se puede probar a los pies de una santa, en los brazos de la madre o en las piernas y pechos de la amante:
“Esta canción se la dedicamos a todas las mujeres, porque si ustedes no están contentas no pasa nada en este mundo”, dijo antes de interpretar "María María".
Entre las canciones más celebradas se encontraron "Black Magic Woman", "Corazón espinado", "Jingo", "Oye como va" y "Smooth".
Concierto Radiohead Foro Sol México
lunes, 16 de marzo de 2009
La gran mayoría de las personas que asistieron a los conciertos que Radiohead ofreció en México coincidirán con la siguiente idea: para quienes nos encontramos entre los 20 y los 40 años ha sido el mejor concierto que hemos visto y no habrá otro igual.
Más aún, se trató del concierto de su vida, un concierto inolvidable, para aquellos fanáticos que se encuentran entre los 24 y los 33 años, es decir, para toda una generación que creció soñando con este momento, escuchando con sus walkmans y cantando en el metro o el pesero las canciones del The Bends o del OK Computer, y años más tarde al interior de sus autos o en sus ipods las melodías descargables de In Rainbows.
Contar una experiencia es compartirla y más si es una experiencia generalizada. Tener la oportunidad de hablar de este concierto es tener la posibilidad de dar voz a muchos de los asistentes a dichos conciertos.
Primera Fila
Llegamos lo más temprano posible para que correr una vez que lográramos acceder al foro y así alcanzar un lugar lo más cercano a las vallas. Así lo hicimos. Obviamente los empujones y la incomodidad no faltaron. El acceso fue a las cinco. Entre las ventas de agua y la incipiente sensación de cansancio pasamos alrededor de dos horas y media antes de que apareciera en escena el grupo telonero: Kraftwerk, una experiencia bastante curiosa: visualmente agradable, limitada en tanto comunicación con el público pero con una musicalidad de atmósferas.
Mientras los alemanes interpretaban sus canciones, el foro comenzaba a llenarse. En pocos minutos, el lugar estaba a reventar.
Terminó el grupo alemán para dar paso al montaje de la escenografía de Radiohead, y mientras los técnicos colocaban todo en su sitio, el público no se perdía ningún detalle: los más chavos estaban emocionados tratando de ver si aparecía o no Nigel Godrich, ingeniero de audio de la banda, o diciendo que allá estaba la guitarra Telecaster de Johnny Grennwood o el piano de Thom Yorke; otros explicando cómo se iban a desplegar los tubos de luz que sirvieron de escenario; la pareja de al lado dándose sus besos sin parar; los señores recargándose en sus hijos para descansar las rodillas. En fin, la espera se aproximaba a su fin. Los miembros del staff revisaban los pedales de Greenwood y O’Brian para que quedaran con los timbres justos para los distintos efectos.
El escenario estaba listo: una especie de cueva de la cual pendían estalactitas que iluminarían el escenario con diversos colores.
El set-list
Las luces se apagaron. Eran alrededor de las 9:30 de la noche y comenzó a escucharse una agradable mezcla alternada con un alumbrado verde. Al fondo apareció la banda: Radiohead saludaba al eufórico público mexicano. Thom Yorke ataviado en una chamarra de cuero negra comenzaba a dar saltos como loquillo abriendo los brazos. Inmediatamente comenzó a escucharse el sintetizador que sirve de base a la canción “15 Step”, la primera del concierto, que por su cadencia puso a bailar a algunos, los que tenían bajo sus pies una porción cuadrada suficiente para hacerlo.
La primera gran ovación vino con “Airbag”, segunda canción de la noche, y dicha algarabía obedeció al anhelo tardíamente materializado, pues se trata de la canción que abre su gran obra maestra, Ok Computer. Inmediatamente después, Johny Greenwood y O’Brian acompañaron a Phil Selway, el baterista, con dos tambores para interpretar “There There”, de Hail to the Thief.
Radiohead integró su setlist de forma magistral, de tal manera que conducían a la audiencia de emoción tras emoción, la extasiaban y la dejaban descansar, como lo hacen los amos en el arte de la seducción y el erotismo, con pausas y estilo, con imaginación y tacto.
“All I Need”, “Nude” y “Arpeggi” compusieron un bloque integrado con lo más reciente, seguido por “The Gloaming” y “National Anthem”, canciones intensas y fundacionales de una transición sobre la estructura armónica y melódica del grupo.
“Faust arp” hizo llorar al algunos, y la estocada final para quienes lograron contener las lágrimas vino con “No Surprises” que encontró una enredadera de ojos vidriosos como receptáculo visual.
“Jigsaw Falling Into Place”, “Lucky” y “Reckoner” integraron un bloque dulce para descansar después del restriegue de entrañas y vísceras. “Optimistic” e “Idioteque”, una provocación contrastante, ya que condujeron a otro mar de emociones, si no de lágrimas: “Fake Plastic Trees”.
Se despidieron pero el público sabía que aún no terminaba el concierto. Regresó Thom Yorke al escenario para comenzar el riff de guitarra que da pauta a “Bodysnatchers”. Los miembros del staff colocaron el piano de Yorke en el centro del escenario e interpretó “Videotape”.
Y, acto seguido, para colmar las emociones en los cuerpos de los asistentes interpretaron una de las canciones más esperadas de la noche, “Paranoid Android”, pieza que pasará a la historia como una de las más completas y complejas creaciones musicales hechas por una banda de rock, entre las que podrían integrarse “Bohemian Rapsody” de Queen, “Stairway to Heaven” de Led Zepellin, “Be Carefull with Axe Eugene” de Pink Floyd o “The Rain Song” de Led.
La sensualidad regresó con “House of Cards” y se convirtió en euforia con “My Iron Lung” para volver a la calma y al canto de pájaros con “Street Spirit”.
Después, vino el segundo encore seguido por un final de locura y estruendo, de alarido y violencia, de claridad cenital: “Pyramid Song”, “Just” y “Everything in It’s Right Place”.
El concierto llegó a su fin con una sincronía visual y acústica digna de llamar la atención. Se fueron despidiendo uno a uno; el primero fue Thom Yorke, el último Ed O’Brian. Los efectos de las guitarras seguían cantando aún cuando la banda había abandonado el escenario. Abajo las luces, el mejor concierto llegaba a su fin.
Radiohead en México
jueves, 12 de marzo de 2009
De la Utopía al DesencantoNunca antes alguna banda había despertado tanta expectación y ansiedad previa al concierto que ofrecerían en nuestro país como ocurre actualmente con Radiohead, que se presentará en esta ciudad los póximos domingo y lunes (15 y 16 de marzo de 2009).
La expectativa simplemente se deja sentir en la sangre y hace hervir los nervios como si un lobo estuviera esperándonos a la puerta de nuestra casa. Una expectativa para condensar la utopía y el desencanto en un mismo instante.
Arcoiris en la oscuridad
Utopía y desencanto es la historia de Radiohead, que ha ido de experimento en experimento para aproximarse a una realidad que les preocupa y los remueve por dentro. Una realidad que es oscura pero en la que un arcoiris puede refulgir de encontrar el prisma perfecto, como en su tiempo lo hizo Pink Floyd.
De esas exploraciones, Thom Yorke es botón de muestra con sus diversos cortes de cabello a lo largo de su carrera, su paso como DJ y su período de adicción al éxtasis.
A lo largo de su historia, Radiohead ha variado la estructura de las canciones pasando de formas muy básicas, tradicionales, estrofa-coro-estrofa, hasta la conjunción de melodías varias con las que crean una concatenación de atmósferas sonoras especie Sigur Ross.
En lo externo renovaron por completo las relaciones entre el producto y el consumidor con la venta en línea de su último disco In Rainbows (2007). Marx se volvería loco de contento y sería fanático de este quinteto oxfordiano.
Para ese grupo de jóvenes que a finales de los 80 asistía a la cafetería Georgina’s mientras eran estudiantes para hablar “de Bauhaus con los góticos”, aquel período fue el más importante para todos: “The happy Mondays, The Stone Roses. Hacia el final, Nirvana. Fue una época de transición realmente interesante: la escena electrónica, la enorme cantidad de bandas independientes, y lo mejor era que estaba permitido mezclarlo todo”, dijo Yorke en 2007. Hablaba de inicios de los 90, cuando eran unos jóvenes con todo un mundo por delante. Jóvenes que escribirían frases poderosas como “I wanna be in a band when i get to heaven” o “this is our new song, just like the last one, a total waste of time”. Jóvenes más bien entusiastas e impetuosos que sólo bordeaban los límites de la nostalgia y todavía no se sumergían en ella.
Más tarde vendría el paso previo al crepúsculo, es decir la confusión que vino acompañada de la fama tal vez porque sean parientes cercanas, y en ese paso escribirían frases como “we hope that you choke, that you choke” o “yesterday I woke up sucking a lemon”.
Así ocurrió con “The Gloaming”, el subtítulo de uno de sus discos más logrados y lleno de imágenes, Hail to the Thief (2003), que “hace referencia a una antigua palabra que designa al melancólico momento del crepúsculo, cuando las luces dejan el paso a las sombras. Entonces comprendí que ‘The Gloaming’ define el estado emocional del mundo en la actualidad”, un mundo que tiene miedo y ese miedo “es el ladrón”, explicó Thom Yorke. He ahí el desencanto pero también la claridad, el desencanto que es la mirada de aquel que se ha percatado de las cosas tal y como son realmente para escribir frases como “just cause you feel it doesn’t mean is there” o “you’ll go to the hell for what your dirty mind is thinking”.
Hoy, los integrantes de Radiohead rondan los 40 años, están casados, tienen un par de hijos por lo menos y dicen que son cada vez oscuros, más sombríos. Se aproximan a su crepúsculo. El reino de las Tinieblas les pertenece y les regala arcoiris en la oscuridad.
Son espíritus que quisieron llevar al límite la experiencia estética y que conducen al espectador a un estado de éxtasis en el que puede alcanzar por un instante la claridad de verse a sí mismo como si se reflejara en un espejo. ¿Y qué vemos? A Wolf at the Mirror, podríamos decir, siguiendo la máxima del filósofo Thomas Hobbes: el “hombre es el lobo del hombre”. El lobo que está al acecho. El lobo dócil y hostil que llevamos dentro.
En México brindarán dos conciertos nocturnos a la luz de la luna en honor de los lobos, un ritual humano de lobos que aúllan para encontrar una luz o una arcoiris en su interior, un concierto cuyo escenario será una especie de cueva luminosa de la que penden estalagmitas que permitirán el reflejo y la creación del arcoiris. Una noche plagada de arcoiris de melancolía e infinita tristeza, haciéndole caso a Billy Corgan, o más lejos al Vizconde de Chateaubriand, quien a finales del siglo XVIII decía que el canto en todas partes del mundo es triste.
No rehuya la tristeza, al contrario déle cauce sustancial a esa noche; prepárese, según los últimos conciertos es muy probable que abran con “15 step” y finalicen con “Fake Plastic Thress” o “Bodysnatchers”. Después harán uno o dos encores en donde interpretarán las esperadas “Videotape”, “Paranoid Android” y “Everything In Its Right Place”, entre otras. Tome en cuenta que Radiohead toca un promedio de 24 canciones por concierto.
9° Festival Internacional de Guitarra, Sinaloa
martes, 17 de febrero de 2009
Leo Brouwer y Jordi Savall, dos leyendasEl 9 Festival Internacional de Guitarra, a realizarse en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, del 2 al 7 de marzo de 2009, sin duda es uno de los más importantes en su género en América Latina. Y este año lo confirma con su programa integrado por un prestigioso abánico de compositores de guitarra, entre los que destacan el cubano Leo Brouwer y el español Jordi Savall, y además lo confirma con el sentido acádémico e integral que lo constituye .
En palabras del director general, Sergio Jacobo Gutiérrez, el Festival busca fomentar la cultura de la guitarra en la región noreste del país, y convertir al estado en una capital cultural.
Leo Brower dará conciertos, dictará conferencias e impartirá clases magistrales; además, será reconocido por su trayectoria dentro del Festival que coincide con el aniversario número 70 de su natalicio, el 1 de marzo. También Savall impartirá una conferencia y brindará un concierto.
Una de las caracterísiticas sobresalientes del Festival será su contenido académico. Por la calidad de los maestros que asisitrán será una gran oportunidad para los estudiantes y estudiosos de la guitarra.
Como parte del programa formativo, se montará una exposición sobre Historia de la guitarra en la que se presentarán 12 modelos antiguos de la misma, con el fin de que la gente de todo tipo, principalmente niños, se familiarice con la música y la cultura de la guitarra.
Paralelo al Festival se realizará el 2 Concurso Internacional de Guitarra, que este año otorgará 4,500 dólares al ganador. Competirán 21 guitarristas seleccionados de un total de 52 solicitantes de diversos países.
El programa del Festiva lo completan músicos de primera línea como el jazzista Eduardo Piastro, el investigador Juan Helguera, los guitarristas Adriano del Sal, Matteo Mela y Lorenzo Michelli, el israelita Tal Hurwitz y los mexicanos Carlos Larrauri y Eduardo Piastro.
Una viola de Da Vinci
La escritura nos ha permitido registrar vidas, costumbres e intrumentos de distintas épocas. Sería muy ilusorio pensar que todas las expresiones antiguas son menos importantes y ricas que las actuales. La música clásica lo demuestra.
El maestro Abel García, conocido constructor de guitarras, se encuentra en España realizando una trabajo de documentación y creación de réplicas de instrumentos antiguos y se está basando en manuscritos de Leonardo Da Vinci. Se trata de tres instrumentos y uno de ellos ya ha sido reconstruido, una viola da Braccio, cuya caja de resonancia es un cráneo de caballo, que se exhibirá en la exposición y con él Jordi Savall brindará un concierto.
Cabe comentar que Jordi Savall es una "leyenda" en la investigación de música antigua y además ha conocido previamente el instrumento, con lo que se espera un concierto invaluable, único e inolvidable.





