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Anatomía de la gastritis

jueves, 17 de noviembre de 2011

Sobre la ausencia y la enfermedad
Se presenta emotiva obra teatral de Itzel Lara

Revisar lo humano desde el dolor, la ausencia y la enfermedad, es la propuesta de fondo que ofrece la obra teatral Anatomía de la gastritis, de la joven dramaturga mexicana Itzel Lara, pieza que actualmente se presenta en el Foro la Gruta y que cuenta con un afortunado y arriesgado montaje por parte del director Agustín Meza.

Anatomía de la gastritis fue finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo” 2009, y en julio pasado contó con una medular lectura espectáculo, dirigida también por Agustín Meza, en el marco de la novena Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia que se realiza anualmente en Querétaro. En aquella ocasión, consignamos en El Economista que Itzel Lara es una de las jóvenes autoras a las cuales hay que seguirle la pista, con este montaje, tenemos la oportunidad en la Ciudad de México de ver una pieza teatral que a la usanza posmoderna más crítica, se dirime entre la pausa y el vértigo.

La Mujer (Genny Galeano) es el personaje central. Ella tiene un gato y sus relaciones personales son conflictivas, tanto con su pareja, su padre y hasta con el animalito, se trata de una mujer insegura, dominante y posesiva. Su novio, El Vegetariano (David Espinosa Ángel), es un individuo frío cuya principal preocupación parecen ser las cebollas. Su padre (Orlando Scheker) es un enfermo en fase terminal, con él mantiene una relación amor-odio. El Gato, es trasunto de un vacío, de esa relación con el padre que no sana y que, asimismo, se padecerá durante toda la vida como resultado de nuestra incapacidad consustancial para comunicarnos y para hacerlo a tiempo.

Como su autora lo ha mencionado, no importa tanto en Anatomía de la gastritis la anécdota como el desarrollo de los personajes. Un logro doble y quizá triple. En principio porque el texto es muy cuidado y va poniendo acento en el uso del lenguaje para develar poco a poco, con tiento y cuidado, lo que entraña cada uno de los personajes. Por su parte, el trazo de la dirección trabaja con talento cada escena, y los actores están a la altura de ese dominio del tiempo que solo se alcanza con un atemperamiento y delicadeza en el trabajo con los detalles.

En cuanto a la escenografía esta resulta muy bien lograda en su estructura circular, pues permite el tránsito de escenas las cuales tienen diferentes ámbitos: la clínica, la cocina, la recámara, el sueño y la memoria de un campo con una vaca simpática y atenta. El ritmo lo indica la escritura: va de lo pianissimo, in crescendo hasta la saturación que incomoda intencionalmente, una interferencia requerida y necesaria en el lengua artístico de nuestro tiempo.

Con esa sutil aceleración, la pieza se detiene en la clínica, en el tratamiento de la enfermedad y, por ende, en el desentrañamiento del mal. La obra representa un ciclo trágico y dialéctico que se compone de sanación y enfermedad, y esta última es lo normal y lo necesario. Todos estamos enfermos. La pregunta que emerge es una: ¿existe cura? ¿Podemos sanarnos de todo el mal que somos capaces de generar? La obra no dialoga con las liberaciones luminosas del pensamiento religioso sino que es una refriega carnal que tunde el espíritu. No hay cursilerías ni lecciones. Sí encontraremos fragmentos, expansiones, imágenes, sueños, pero sin perder la coherencia.

Es por cachos que la obra cuenta la historia de una mujer ante un mundo que padece lo que ella nombra "la peste del siglo": inanición, irritación, ardor e inflamación. En contraparte, su novio, que parce más un hermano malcriado, tiene un remedio: la cebolla, metáfora de las capas y los velos que tenemos los seres humanos en nuestras relaciones con los demás, con la realidad y con nosotros mismos, impedidos la mayoría de poder regresar al origen porque lo rechazamos. Es por eso que la protagonista sufre en su intento de sanación, porque no puede emerger realmente para sanar, porque rechaza su pasado y porque es incapaz de mirar su presente. Lo mismo ocurre con los demás personajes. Nadie se salva. Ni siquiera el gato.

Ecos de Elena Garro, Ximena Escalante, Anton Chéjov o Marguerite Duras se filtran en esta propuesta escénica. La prosa y la poética de Itzel Lara alcanzan una cima en su resolución dramática. Son por eso tan impresionantes los grados de potencia y espontaneidad de su escritura dichos en voz de los actores.

Revisión Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia

domingo, 24 de julio de 2011

En México, el teatro nuevo es sólido y prometedor
Aporta propuestas interesantes 9a Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia

Luego de cinco intensos días de actividades, la 9a Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia (9MNJD) llegó este sábado a su fin y los resultados saltan a la vista: en el marco de un relevo en su dirección (Luis Enrique Gutiérez Ortíz Monasterio-LEGOM deja su lugar en la organización y se incorpora a los trabajos Mario Cantú) se pudo comprobar que esta Muestra va por muy buen camino y da cuenta de que el teatro en México (la dramaturgia, la dirección, el pensamiento en torno del teatro) es sólido y abierto en una búsqueda que se dirime en pleno siglo XXI.

La 9MNJD dio cuenta de una sólida propuesta artística en la cual resaltan nombres como los de los jóvenes escritores Itzel Lara (Ciudad de México, 1980) y Raúl Valles (Ciudad Juárez) ; una fiel y joven comunidad de seguidores que creen en la renovación del teatro acompañado por el importante y envolvente trabajo logístico de Alejandra Serrano, y con un noble propósito pensado por los fundadores de esta Muestra, LEGOM y Edgar Chías. El propósito: ofrecer un espacio para levantar los primeros borradores físicos (visibles, de carne y hueso) de la joven dramaturgia, y promover un diálogo entre quienes conforman el colectivo teatro: desde los directores, autores y actores hasta el público y los críticos.
Raúl Valles, durante la lectura de su obra Magnetar

Después de nueve ediciones es claro que el evento tiene algunos asuntos pendientes por mejorar y otros tantos sueños y propósitos por cumplir de cara a la 10 edición que se realizará el próximo año. Tomando algunas líneas gruesas, mencionamos algunas asignaturas pendientes de la Muestra: 1. mejorar la claridad en los criterios con que se decide la programación; bastaría hacerlos públicos; 2. que la Muestra funcione como un catalizador para resolver el desencuentro entre escritores, directores y críticos, ya que el diálogo se podría enriquecer si cada grupo intentara salir de sus propias trincheras; 3. que los estados apoyen este importante espacio que a pulso se ha ganado la consideración de nacional pero necesita coproducciones a nivel estatal para crecer; y 4. definir el espectro de lo "joven".

En el centro la Dramaturgia Joven, no inmadura


Que sea una muestra de la Joven Dramaturgia no implica que sea inmadura o incompleta. En la Muestra existe una clara intención por dar peso a los dramaturgos aunque en la crítica se les consiente o, mínimo, se les apapacha más que a los directores. Sin embargo, al centrarse en los dramaturgos la Muestra funciona como un primer examen. Si el trabajo de los directores no es bien valorado, ellos se escudan en que se trató de un simple experimento. Es por eso que quienes quedan expuestos a la posibilidad de que se "quemen" sus propuestas son los autores.

La crítica también cometío varias fallas de procedimiento porque llegó a juzgar los trabajos escénicos como si se tratara de montajes cerrados cuando en su mayoría se trata de lecturas que son ensayos. Una grave falla, fue la que cometió el director Uriel Bravo, al incorporar textos de su autoría que interrumpían al texto del dramaturgo Pablo Iván García, en la lectura espectáculo de la obra Micro-dermo-abrasión, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Baja California 2010, cuyo texto fue valorado junto con la incorporación del director.

En este sentido, llama la atención que varios de los autores no terminaban del todo convencidos con la propuesta del director. Y es curioso también señalar que uno de los rasgos generales formales que se pueden ubicar se centra en el nulo uso de acotaciones en el texto. De acuerdo con la experiencia que vivimos en estos cinco días, habría que reconsiderar esta moda o repensar las consecuencias de dejar libre el texto. La asignatura pendiente que queda a los dramaturgos se abre en dos sentidos: no llevarse por la moda o renunciar al apego que tienen sobre sus textos. Ya lo mencionó hace varios años el filósofo y escritor francés Roland Barthes: "el texto es huérfano". Y en el teatro, más que en ninguna otra disciplina.

Confusión, Anomia, Devastación y Posibilidad


Las propuestas, en su mayoría, fueron notables (exceptuando un experiemnto con cuatro jóvenes dramaturgas con el que lo único que se logró fue "exponerlas" en sus parcas propuestas dramáticas y en sus excesivas poses) y muy diferentes entre una y otra, no obstante, se pueden identificar algunos rasgos en común: 1. la devastación suspendida en un fragmento de vida; 2. el tono salvífico o sanatorio como una avetura posible aunque difusa; 3. la anomia como estado de exploración vital ante la confusión reinante.

Magnetar
(Raúl Valles), quizá el experimento más interesante de la Muestra, es una mirada oblicua cargada de ironía, humor y violencia, que aborda con sagacidad el tema de los narcos (anomia pura): incorpora en su relato a científicos locos, mujeres drogadas, cadáveres que caen del cielo, soldados con retraso mental, psicosis coletiva y así hace una crítica tridimensional: 1. la dimensión intermedial de las grandes empresas tecnológicas y de información; 2. la dimensión maravillosa del pensamiento supersticioso y atávico, y 3. la dimensión crítica sobre la paranoia colectiva: el terror y el pánico. Pero lo hace con mucho ingenio y un humor único.
Imagen del montaje de Anatomía de la gastritis, de Itzel Lara

En Anatomía de la gastritis (Itzel Lara) y Viaje de tres (Jorge Fábregas) se propone la revisión de lo humano desde el dolor, la ausencia y la enfermedad. La mirada abyecta es sublime sobre todo en Anatomía de la gastritis que se enfoca en un ciclo trágico de sanación y enfermedad: esta es una condena, la piedra de Sisifo, la enfermedad se ubica al nivel de la necesidad de compañía y su constante rechazo. En Viaje de tres la enfermedad del otro es el vehículo para la sanación personal; el relato coquetea con una crítica de redes como infencción viral (mental) de nuestro tiempo. La mirada de Fábregas libera. La de Lara, por eso es tan potente, parece que libera pero en realidad solo nos muestra una radiografía de nuestra propia descomposición.

Jesús Hernández (don Yayo, me recordó al Sr Friederichsen) y Mauricio Cedeño (Emilio) extraordinarios actores, más Guadalupe Ortíz (Irma), en la lectura de la obra Viaje de tres, de Jorge Fábregas

En Fuera de Límites (Alejandro Román), Reliquias sobre la carne que parece diatriba (Ivi May), Umbral de sueño (Mariana Chávez) y Siete (Imanoll Martínez) la anomia y la devastación se hacen evidentes en los tonos del lenguaje, en la aproximación a los contextos o situaciones y en la construcción de los personajes: en la primera, se aborda a tres mujeres que pasan por encima de la ley en una narración delirante que las conduce a su muerte; en la segunda, el desajuste con la realidad social se convierte en un viaje que es tanto experiencia mística como violenta; en la tercera, el verdadero crimen es la pérdida de bordes (un relato sobre niños migrantes entre el sueño y la realidad) que conduce a la muerte de la inocencia; y en la cuarta, los fragmentos se entraman en un lamento apocalíptico incomprensible.

Una Muestra Nacional


Que esta sea una Muestra Nacional no es una mera casualidad sino una cuestión que habría que separar en partes para valorar la importancia de su adjudicación: en primer lugar la muestra es exitosa porque es capaz de atraer la atención de los dramaturgos de distintas zonas del país.

Segundo, por la apertura que se tiene para integrar una programación representativa regional. Tercero, por la precisión que se tuvo desde un principio y que se ha respetado para ubicar una problemática concreta (falta de espacios) y lanzar una propuesta de interés generacional, que ahora (con el paso del tiempo) se ha convertido en transgeneracional.

Cuarto, por ser una respuesta a una problemática de mayor calado: el abandono sistemático de la educación en el arte y la cultura y la nula generación de políticas culturales radicales más el desencuentro que existe desde hace tiempo entre los diversos niveles de interrelación teatral: creadores/artistas (dramaturgos, directores y actores) con el público y con la crítica.

Esta Muestra es necesaria. Es necesario acompañar su proceso, aprovechar el espacio y poner la atecnción en su renovación paulatina. De lo contrario la banalidad, el amiguismo y el interés económico estarán al acecho.

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