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Ga'Hoole, la leyenda de los guardianes

viernes, 8 de octubre de 2010

Una película de verdad. Zack Snyder es un chingón

"Es como 300 pero con búhos" es lo que escuché decir a una persona, inmediatamente después de terminar de ver Ga'Hoole, la leyenda de los guardianes, nueva película de Zack Snyder, (300, The Watchmen) director de cintas de una gran elaboración visual-digital, con mucho trabajo en los detalles, y además cintas con una anécdota poderosa.

Ga'Hoole es una gran película. En el plano formal, cuando uno ve la película piensa "es que el 3D se hizo para esto". Snyder compone una danza de búhos que por su encanto y belleza no pierde verosimilitud ni profundidad ética.

Sí es una película para niños (más que Where the Wild Things Are) pero es mucho más que una película para niños. La maestría de Snyder estriba en que compone una obra que toma los recursos del cine para niños pero que en realidad cualquier clasificación que se le otorgue le será insuficiente. En un primer momento es la clásica historia de valentía y honor que iluminan la mente y propulsa la imaginación de los pequeños.

Pero en el fondo, se propone como una resignificación del heroísmo en una época sin honor, ilustra la complejidad del alma humana, su lado oscuro irreversible, y propone la defensa de la imaginación y la voluntad como catalizadores de un camino que conduzca a la realización de los sueños.

La peícula se centra en la heroica lucha de un joven búho que es raptado por una parvada de búhos malos, que forman parte de un clan parecido a una doctrina nazi. Su nombre es Soren, y nació en el bosque Tyto, donde hubo un tiempo en el que habitaron en paz las lechuzas. Ahora la sombra del Mal ataca el reino de los búhos, amenazando con destruir la paz en el bosque Tyto y cambiar la vida de Soren para siempre.
Para evitarlo buscará el Gran Árbol Ga'Hoole, donde habitan los Guardianes, los únicos capaces de ayudarlo a rescatar a su hermano que fue capturado por los "puros" quienes lo entrenan para ser un futuro dirigente bélico. El árbol es para los búhos de la comarca de Soren es un mito, una leyenda. Afortunadamente, él se encuentra con amigos que lo acompañan en su búsqueda y la leyenda al final se revela como una verdad.

La película está basada en las primeras tres obras de una serie de 14, dedicadas al público infantil escritas por la autora Kathryn Lasky bajo el nombre La leyenda de los guardianes.

Avatar

miércoles, 31 de marzo de 2010

Cine para el siglo XXI


Pasada la disputa postmarital entre James Cameron y su ex esposa Kathryn Bigelow por los Oscar de este año, debo decir que si bien Cameron sucumbió rotundamente, Avatar subistirá por sí sola como síntoma de un arte en plena transición, ya que pasará a la historia por ser un carpetazo al cine, sobre todo el de ciencia ficción.


Después de esta película, el cine será cada vez más una experiencia vívida en todos sus sentidos. Cuando nos habíamos acostumbrado a que las innovaciones tecnológicas del cine en Hollywood no aportaban nada más que en términos superficiales, ésta historia concita la reflexión profunda, el entusiasmo vital y el desencanto humano a partir de provocar en el espectador una confrontación con su propia especie y su propia cultura.


Avatar es un carpetazo no por confirmar una estrategia publicitaria, la cual por lo demás resulta del todo cierta, sino por dos aspectos, el primero de ellos es el más obvio: antes de Avatar los efectos especiales permanecían en el ámbito efectista y efectivo, subordinados a la verosimilitud de la trama pero ahora son el sustento que produce una nueva estética visual que establece una comunicación abierta y biunívoca con el espectador, es decir la verosimilitud de la historia regresa al terreno de lo estrictamente narratológico y el efecto especial adquiere un valor ético y estético que no busca convencer al público sino hacerlo vivir, de esta forma a partir de los recursos técnicos el cine se convierte por fin en una experiencia de vida, el espectador realmente puede llegar a sentir que otro mundo, y otros mundos, son posibles, se pueden ver, se pueden oler, se pueden sentir.


La anécdota ocurre en el año 2154, cuando los hombres han explotado durante tres décadas el satélite Pandora, ubicado en una galaxia lejana, y con condiciones similares a la Tierra. Para entonces el petróleo se ha terminado y los humanos han suplido sus necesidades energéticas con unobtainium, mineral que se acumula en cantidades industriales bajo las vírgenes tierras de los Na´vi, aborígenes que pueblan el satélite.


Los humanos cuentan con una base militar y científica en el nuevo planeta y buscan conquistar el territorio de uno de los clanes de Pandora que viven en un árbol sagrado de enormes dimensiones, bajo sus raíces se encuentra uno de los yacimientos más ricos del mineral anhelado por los humanos.


La científica Grace Augustine (Sigourney Weaver) se encuentra al mando de las investigaciones para conocer el funcionamiento del ecosistema y de la especie de los Na’vi. Jake (Sam Worthington), un joven veterano de guerra que ha perdido la movilidad de sus piernas, llega a la base por casualidad y formará parte de una expedición ingeniada por los científicos que le cambiará la vida.


Cada uno de los científicos, incluido Jake, cuenta con un avatar, una réplica de un Na’vi creada a partir de mezclar el ADN de esta especie con el de los humanos. Los científicos son conectados en una especie de incubadora a un programa en el que se les induce pérdida de conciencia y por medio de un ordenador despiertan en el cuerpo de su avatar respectivo. Por un momento nos sentimos en Matrix.


Desde el principio sabemos quién será el héroe: Jake, y cómo dudarlo si al ser conectado con su avatar es como si volviera a nacer: encuentra una nueva oportunidad para reasignarle valor a la vida, cuando después de quedar inválido ha sido convertido en inútil, inoperante para la guerra y para amolarla ha sufrido la muerte de su hermano.


Jake despierta convertido en un ser azul de más de tres metros de altura, con cuerpo atlético, sentidos refinados, capaz de establecer conexión sensorial con los animales en un medio natural que lejos de ser hostil entra en profunda relación con él y con los demás seres que componen dicha tierra.


Es aquí cuando encontramos la segunda razón para afirmar el profundo carpetazo cinematográfico que implica Avatar: el cine comercial puede producir grandes reflexiones en el espectador, puede prácticamente cambiar la vida; el cine hollywoodense, de millonarios recursos y grandes campañas publicitarias, abandona el cliché en el que la Tierra sufre una amenaza alienígena para resemantizar éste término -alienígena- y convertir al hombre en un extranjero indeseable, una criatura a la que no le ha bastado destruir su propio hábitat sino que ahora ha llevado su poder de destrucción años luz para conviertirse en la peor amenaza para el sistema vida Pandora.


A partir de este giro, Avatar produce en el espectador una experiencia sensorial y emotiva que es al mismo tiempo una crítica radical a la violenta condición humana, a los imperdonables sacrificios, genocidios y extinciones producidos por la afanosa y falsa idea de superioridad que padece el Hombre y a la desacralización y vulgarización de un mundo y una especie que al quedarse sin dioses no supo encontrar motivos para respetarse y respetar su entorno.


Plastic Beach, Gorillaz

Ad hoc para estas vacaciones


Si usted amigo lector quiere pasar una rica tarde de sol y arena, mientras fija la vista en la cadencia corpórea de mujeres y hombres semidesnudos en la playa, aunque sea un Acapulco en la azotea y usted vea a su gordita darse un chapuzón, ponga de fondo Plastic Beach, el nuevo disco de Gorillaz cuya música lo llevará a otra dimensión de colores y sonidos, un viaje lisérgico de mucha vida.


Plastic Beach, el tercer disco de la agrupación animada (los cuatro integrantes de Gorillaz son caricaturas de personajes post-humanos: 2D, Noodle, Russel y Murdoc), que se hace acompañar de diversos músicos de los más variados estilos, es un disco en que predomina un rap suave, las vocalizaciones predominantemente agudas son invadidas por colores más graves, y los sintetizadores generan una atmósfera virtual digna de ser bailada.


Paradójicamente, de la animación emerge un Damon Albarn más real, alejado de la faramalla artística, que se concentra en su música y por lo mismo se despliega a sus anchas: Albarn escribió las canciones, produjo el disco, canta, e invitó uno por uno a los músicos que colaboran en este disco, entre los que destacan Snoop Dogg, De La Soul, Lou Reed, y Mick Jones de The Clash.


Menos pop que los dos discos anteriores de Gorillaz, Plastic Beach es más violento y oscuro y también más alocado y más cargado de ironía: la isla tropical en donde los Gorillaz pasan el tiempo hace alusión a una “bahía de plástico” de desechos industriales.


Track por track


Orchestral Intro: Música de orquesta más un fondo de olas de mar nos ponen a tono para lanzarnos a una aventura.


Welcome to the World of the Plastic Beach: Snopp Dog da la bienvenida al mundo Plastic Beach con un mellow rap (rap meloso) con base de teclado espacial. "The revolution will be televised", presagia Snoop.


White Flag: Sampleos en combinación con un estilo oriental arábigo que la convierte en un rap chistoso y buena onda, para bailarle al novio, o a la novia.


Rhinestone Eyes: Al principio, una pieza nostálgica de la cual emerge el sonido de un láser armonizado y un coro de chicas emocionadas lanzando grititos sobre un beat de lujo.


Stylo: El primer sencillo cuenta con la participación de dos leyendas: Bobby Womack y Mos Def, una pieza con vocales poderosas.


Superfast Jellyfish (con Gruff Rhys y De La Soul): Una de las canciones del tipo al que nos tenía acostumbrados la banda, una pieza entre el rap y el surf para sonreír.


Empire Ants: Una de las mejores canciones del disco, romántica y etérea, más cargada a la melancolía del Albarn joven (esperemos no le dé el entusiasmo psicodélico que se comió incluso a Billy Corgan). Tras más de dos minutos de canción, la caja de ritmos emula un juego de video, como si nos invitara a entrar en una dimensión Mario BROS, y a la vez emerge la melodiosa y bella voz de la vocalista de Little Dragon, la sueca-nipona Yukimi Nagano. Un deleite.


Glitter Freeze (con Mark E Smith): Para no perder la onda, una canción muy cercana a las bases que usan los músicos de Ratatat. Para correr eufóricos por la calle.


Some Kind of Nature: Por fin Lou Reed hace su aparición con una canción buenísima. La invitación a un icono de la música a virtualizarse, y él acepta con generosidad.


On Melancholy Hill: Contiene uno de los riffs más logrados y difíciles de olvidar de este disco, canción netamente pop para extrañar con todo.


Broken: Una canción en la que reverberan los tiempos del Demon Days.


Sweepstakes: El dub aparece con todo su poder en la voz de Mos Def, más la algarabía de instrumentos metales que descontextualizan al género, una mezcla interesante.


Plastic Beach (con Mick Jones y Paul Simonon de The Clash): Como pieza de soundtrack de película de Tarantino, el bajo galáctico introduce una secuencia de atmósferas cósmicas.


To Binge: La voz de Nagano nos hipnotiza de nuevo, tal vez porque es la única que aparece encajar a la perfección con ese mundo de animación (anime-japoneses, ¿obvio, no?). Una canción lentita como antesala del fin.


Cloud of Unknowing: Womack llega como un remolino con esa voz que imposta todo lo humano para decirnos que son más que caricaturas. Una de las mejores canciones del disco, tanto por la letra cuanto por el poder dramático que encarna, la melancolía nos acurruca para salir victoriosos del sueño.


Pirate Jet: La despedida. El círculo se ha completado. Volvemos a la playa. Seguimos viviendo.


http://www.youtube.com/watch?v=5w_upzACEVo



Cómo entrenar a tu dragón

lunes, 29 de marzo de 2010

Estrena Dreamworks película sobre la amistad


Este fin de semana el cine es para los niños y para los no tan niños que gusten de ver una buena historia traducida en imágenes visuales. Toda una experiencia llega a las salas de nuestra ciudad con el estreno de la película Cómo entrenar a tu dragón, una animación sustentada por alta tecnología digital que trata sobre el valor de la amistad, sobre la necesidad de que el niño desarrolle libremente su personalidad, sobre el constante yerro que cometen los hombres al tratar de entender lo extraño a partir de las ideas inmediatas que sobre las cosas se hacen y además sobre el fuerte lazo que se puede establecer entre un ser humano y un animal.


Y lo hace al contar la historia de Hiccup, un joven vikingo destinado a perseguir y matar dragones. Hiccup ha llegado a la edad en la que debe comenzar su entrenamiento, que incluye horas de estudio y prácticas, en una especie de Coliseo romano hundido, con pequeños dragones que han sido capturados previamente.


En su cultura se dice que matar a tu primer dragón te convierte en un vikingo, y esto es lo que Stoick, líder del clan de vikingos y padre de Hiccup, espera de su hijo, aunque ve con desengaño que su pequeño tiene otros intereses.


De su grupo de entrenamiento, integrado por los más jóvenes de la comarca, Hiccup es el más tímido y el único que no siente la más mínima necesidad de matar a ningún dragón. Por el contrario, quien lidera sobre el grupo en el desarrollo de las técnicas y en la tenacidad es una bella vikinga que enamorará (¿se puede tal cosa?, sí, sí se puede) a los niños (y tal vez uno que otro no tan niño) que vean la película, su nombre es Astrid.


Uno inmediatamente piensa, ¡qué moler con esto de la reivindicación femenina!, pero la cinta no cae en el nuevo cliché de la heroína que hubiera resultado cansado porque actualmente parece más una pretensión que una propuesta de igualdad.


Por su tratamiento de los personajes y sus motivaciones, Cómo entrenar a tu dragón, si bien es una cinta para niños, está teñida por el realismo más visceral y complejo que brota del alma humana, es decir de celos, deseo, tenacidad, voluntad, pasión, ambición, enojo, traición, insulto y perdón, y de esta manera se compone como una cinta muy atractiva incluso para los mayores.


Hiccup, de pronto y casi de la nada, comienza a descollar en su pequeño grupo de entrenamiento: es capaz de dominar a los dragones con técnicas tan peregrinas como rascarlos debajo de la barbilla o espantándolos con anguilas.


Contra los aplausos que comienza a acumular de su entrenador y de sus compañeros más la súbita fama que tiene en la comarca, Astrid desconfía de este abrupto desarrollo de facultades e intuye (¡claro!, quién más que la mujer para poder ver más allá de lo inmediato) que Hiccup esconde algo.


Y en efecto, Hiccup ha estudiado los libros y gracias a ellos puede entender que todo lo que los vikingos saben de los dragones es mentira; él es el único que ha llegado al fondo: ha trabado amistad con un ejemplar de dragón Sombra negra a quien le ha construido una prótesis para su aleta trasera que lo ayude a volar.


Hiccup lo bautiza como si bautizara a un cachorro, Chimuelo lo llama y su amistad los hace volar juntos, una revolución en la relación entre vikingos y dragones, algo que la tradición de su pueblo no puede permitir. A esa pesada mitología, Hiccup y su Chimuelo habrán de enfrentarse. La cinta alimenta nuestra imaginación y nos hace entender la necesidad de seguir imaginando.


Ayuda mucho verla en 3D, y en IMAX, mucho más.


Por otra parte, el guiño con el tema de permitir el libre desarrollo de la personalidad, que implica desde los gustos o preferencias en los juegos y en los colores hasta las referencias sexuales, es muy acertado para una sociedad mexicana tradicionalmente cerrada.


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