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Un secretario de Gobernación - (menos)

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Caso Blake, una ventana a nuestra desconfianza
Coinciden pensadores en que es resultado de la manipulación gubernamental

La muerte del secretario de Gobernación José Francisco Blake Mora, el pasado viernes, coincidió con una fecha que para los supersticiosos era profética o apocalíptica: el día 11 del mes 11 del año 2011. Algo "malo" (irremediablemente iba a pasar). Hubo incluso quienes aseguraron que la aeronave que conducía al funcionario había caído cerca de las 11 de la mañana. El mayor sospechoso que detuvo la PGR fue un usuario de Twitter, como si un twett pudiera tirar un helicóptero. No es la primera vez que el "pensamiento mágico" atraviesa nuestras interpretaciones sobre los hechos. Podríamos decir que se trata de una reacción cultural resultado de una doble vía: la culpa cristiana o el fuerte sustrato indígena y sus mitos. Nuestras narrativas son testigo de ello, una fundamentalmente, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Hemos preguntado a pensadores preocupados por lo social si estas lecturas son resultado de la superstición o de la magia o más bien de unas condiciones reales que obligan a la incredulidad de los ciudadanos. He aquí las respuestas.

Los ciudadanos deben ejercer su derecho a la "duda razonable": Sergio González

1. ¿Cuál es la razón fundamental para que emerjan tales "hipótesis" en la opinión pública?
En primer lugar, una desconfianza generalizada en la "versión oficial" que se deriva de la tradicional manipulación y falsedad informativa de índole gubernamental mediante voceros diversos en los grandes medios de comunicación.

2. ¿Qué dice de los mexicanos y que dice de nuestro contexto?
Las personas tienen derecho a expresar su desconfianza ante la información pública, ya que el estándar de "duda razonable" se admite en el derecho, ¿por qué no habría de usarse también en la opinión pública?

3. ¿Cómo se ordena y disecciona la dialéctica Descreimiento-Superstición-Conspiración?
La dialéctica del Descreimiento-Supertisción-Conspiración sería la respuesta a la santísima trinidad del Interés-Conveniencia-Mentira del poder económico, político y criminal y sus socios comunicativos. En cuanto a la "conspiración", conviene recordar también que, en términos jurídicos, la conspiración criminal, asociación delictuosa o crimen organizado tipifican conductas en complot, y nadie descalifica estos términos por ser "teorías de la conspiración".

4. ¿Qué indica la narrativa "bélica/épica" que promueve el oficialismo? ¿Se puede contrarrestar?
La conversión de funcionarios en héroes patrios es un lenitivo simbólico de propaganda gubernamental, y está hecho para los partidarios y adherentes a tal causa. Para contrarrestar esto, los ciudadanos pueden ejercer su desconfianza, su derecho a la duda razonable y a la crítica. Al ejercer su derecho, nadie debería acusarlos de conspirar y caer en la dialéctica del Descreimiento-Superstición.

"En México no es conspiración, es un hecho": Fausto Alzati

1. ¿Cuál es la razón fundamental para que emerjan tales "hipótesis" en la opinión pública?
Faltaría agregar la lectura de que fue un mero accidente, o de menos la posibilidad de que no significa nada en particular. Un mero hecho. Ahora bien, son de todos conocidos los factores históricos y socioeconómicos, además de las tendencias al entretenimiento, y el goce en la especulación. A eso se debe.

2. ¿Qué dice de los mexicanos y que dice de nuestro contexto?
Con sucesos que se siguen uno a otro tan rápido, quién sabe. Es decir: Blake ya pasó... y más allá de lo obvio (que la traemos bien ensartada), no sé qué más indica. Pero el tema de la disposición a ceder libertades individuales por una sensación de seguridad, bajo un estado de excepción ronda esta pregunta.

3. ¿Cómo se ordena y disecciona la dialéctica Descreimiento-Superstición-Conspiración?
"Conspiración" sería el nombre de algo menos evidente, de la sospecha de que te están chingando como ciudadano. Pero aquí, en México, no es sospecha: es un hecho verificable, día a día.

4. ¿Qué indica la narrativa "bélica/épica" que promueve el oficialismo? ¿Se puede contrarrestar?
Se puede aspirar a generar zonas autónomas temporales donde no necesariamente operen sus paradigmas como totales. Se puede aspirar a expresar desde otra retórica. Se puede comunicar con claridad que no son narrativas naturales y totales, porque eso buscan: parecer naturales y totales e, incluso, sentido común...

Lamento por Adolfo Sánchez Vázquez

domingo, 10 de julio de 2011

Bueno, unos apuntes, una lectura de primera intención sobre la importancia que tiene su ausencia. El viernes murió el gran filósofo Adolfo Sánchez Vázquez.

El último gran filósofo radical
Gran parte de su legado descansará en la Facultad de Filosofía y Letras

Todavía hace un año podía vérsele caminar con dificultad, pasito a pasito, por los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. A su paso abría una estela de rumores y una brisa de inteligencia, erudición y sensibilidad que algunos ejemplares de las jóvenes generaciones, arropadas como modelitos con sus novísimos diseños de arrogancia y frivolidad, recibían como una cachetada hueca sin sonido o un balde de agua fría que solo les moja los huesos.

Cuando don Adolfo Sánchez Vázquez caminaba cerca, el rumor arrastraba su nombre: "ese es Sánchez Vázquez". Y muchos sentían ese rumor en el aire y solo podían contener el aliento e imaginar que hacían una reverencia porque eso de respetar a los viejos hoy carece de valor. En un país en el que la filosofía es asunto de poca monta y de nulo interés gubernamental para la formación de los individuos, es casi imposible encontrar canales que le tomen la medida a la magnitud del significado que representa la muerte de don Adolfo. En un mundo que ha encumbrado nombres y no obras y en una Academia que ha perdido todo sentido de lealtad y nobleza de espíritu para convertirse en un absurdo ring de egos, la muerte de Sánchez Vázquez cierra un episodio en la historia de las ideas de nuestra nación, si no es que el último.

Muy pocos de quienes hoy caminan en los pasillos de esta facultad tomaron clase con el filósofo mexicano nacido en España. Los jóvenes que hoy acuden a esta casa de saber, tal vez no lo han leído pero el nombre es una eminencia. Su nombre es una reverberación de los grandes anhelos y sueños de las generaciones que nos precedieron, las últimas generaciones románticas que han trascendido como tales, como colectivos. Pero su mayor legado (sus ideas, sus libros) serán donados a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, una institución que penosamente se está auto borrando del mundo.

Pero el legado trasciende el recinto. Muchos han sido formados por las lecturas de Sánchez Vázquez, bajo su mirada teórica y sus aproximaciones al estudio de las relaciones entre la realidad y los medios de producción de las sociedades capitalistas. Generaciones y generaciones que hoy lamentan su muerte y a quienes nunca nadie (ni siquiera las televisoras) les va a robar esas partículas de pensamiento que el filósofo logró depositar, a partir de sus textos, en su cabeza: en su manera en entender el mundo y de actuar en él. Porque finalmente eso es lo que logra la filosofía: dotar de ideas que configuran una personalidad que actúa en el mundo consciente de su incidencia.

Adolfo Sánchez Vázquez falleció el viernes pasado en la ciudad de México, ciudad que lo adoptó desde hace seis décadas. Se trata sin duda de uno de los más importantes filósofos que ha surgido en nuestro país, uno de los más rigurosos, quizá el más influyente en varias generaciones, y también uno de los más reconocidos a nivel internacional, un filósofo de convicciones pero abierto a la contingencia y multiplicidad inherente a la pulsión filosófica: la dinámica del pensamiento.

Durante su larga vida, Sánchez Vázquez integró una copiosa obra, que en su mayoría gira en torno de reinterpretaciones sobre el tótem Carlos Marx. Ligado a la poesía, y enfocado en el estudio de la realidad, reivindicó el poder imaginativo de la conciencia humana, su necesaria dimensión creadora y la rebeldía inherente a la utopía: la inconformidad perenne que es producto de la única verdad: la realidad es perfectible y nuestro actual estado de existencia y convivencia no es el ideal.

Ilustre pensador que tuvo su mayor arco de influencia durante la guerra fría y la penosa etapa de dictaduras en América Latina, en aquellos años y hasta sus últimos escritos propuso reconducir la mira para platear una alternativa al socialismo, como lo hicieran una década antes, a finales de los 60, otros filósofos marxistas de la talla de Herbert Marcuse o Georgy Lukacs, luego de que el socialismo realmente existente había mostrado sus fisuras.

"Al tratar de realizarse la utopía, se muestra la impotencia o imposibilidad de realizarla. Pero, esta impotencia —absoluta en ciertas utopías—, es relativa y condicionada en otras. El fracaso de hoy, puede ser el éxito de mañana. El sueño y la ilusión presentes, pueden ser una realidad en el futuro. Pero subrayemos: pueden ser..." escribió Sánchez Vázquez en el libro de ensayos Entre la realidad y la utopía.

Muere un filósofo necesario, de esos que no se dejan seducir por la estridencia del fenómeno del momento, sino de aquellos que miran al pasado para entender el presente y proyectar el futuro. No un filósofo de ideas sino de plataformas. Un filósofo de raíces que se expanden hacia el magma de la historia, la cultura y el ser. Descanse en paz, el último de los grandes filósofos radicales.

El escritor fantasma, de Roman Polansky

jueves, 9 de septiembre de 2010

La política escondida

Este fin de semana se estrena la nueva película de Roman Polanski, El escritor fantasma que es una gran película,. No es una obra maestra pero es de esas películas en las que sabes que ha pasado el tiempo pero sólo tee das cuenta porque de repente te empieza a doler tu colita. Porque pasar poco más dos horas pegado a un butaca en el cine (por más VIP que sea) te dejarán o un fuerte dolor en el coxis pero sobre todo los nervios de punta, además de un momento de apnea provocado por la sorpresa final luego de una sucesión de intrigas y de pistas que argumenta la cinta y que como espectadores debemos seguir junto con el protagonista de la película.


De esto va la peli: un escritor que cobra una copiosa cantidad de dinero por ser la voz y el pensamiento de un político, un escritor fantasma, esos que escriben los discursos, los comunicados para la prensa, las notas de feliz cumpleaños... Todo lo que aparentemente escribe (dice y hasta piensa) un político.


De entrada hay que decir que esta pieza le valió al polaco el Oso de Plata al mejor director en el último festival de cine de Berlín Ya en el plano, dramático destacan las actuaciones de las mujeres , con actuaciones fuertes por su carga de engaño y frivolidad: Kim Catrall y Olivia Williams logran una profundidad abismal y misteriosa, ese no sé qué que hacen que una mujer madura a pesar de los años (o más bien gracias a ellos) sea sumamente atractiva. Por su parte, recibimos a un McGregor muy fiel a McGregor: un personaje sin matices, sin malicia: aunque muy inteligente y muy bien intencionado (en verdad da un poquito de flojera).


Por otro lado, la densidad de los ambientes afecta al espectador y lo involucra en la tensión dramática: un ambiente muy turbio, muy poco claro como la historia que se cuenta:


El escritor fantasma (McGregor) es contratado por una famosa editorial de Nueva York, Rhinehart Inc., para realizar (corregir, darle prosa y ritmo) un libro de memorias del ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan) que ligando un poquito la ficción con la realidad correspondería a una versión fictiva de Tony Blair; Ruth (Williams) correspondería con Cheire Blair, esposa del ex primer ministro.

El joven escritor que le dará voz a ese político toma un taxi que lo lleva a su casa. Al bajarse es interceptado por dos individuos que transitaban sobre una motocicleta. Uno de ellos lo golpea y le quita un sobre que contiene el borrador de una novela. ¿Pensarían que llevaba el manuscrito de Lang? Con esta primera incógnita sabemos que algo huele mal, que algo se esconde, pero parece que nuestro escritor no se da cuenta de inmediato de ello o simplemente lo ignora. ¡Mire que rechazar 250,000 dólares por trabajar durante menos de un mes sería imperdonable! Además: ¡es un libro!, ¿qué tanto peligro puede haber en la publicación de un libro, en trabajar de incógnito y en que tu figura una vez que redactes las memorias sea olvidada detrás de la celebridad que aparece en la portada?


La situación se vuelve más negra cuando el espectador conoce que este nuevo escritor es el sustituto de otro negro (fantasma) Mike McNamara, que murió mientras investigaba sobre la vida de su amigo Lang, encontrando huellas que lo relacionaban con crímenes de Guerra (mandar a jóvenes a morir a los campos de batalla en Irak).


El escritor cruza el océano para trabajar en el búnker personal que tiene en EU el político inglés, en donde el manuscrito (una única versión) es protegido bajo las más avanzadas tecnologías de seguridad. Pero poco a poco, el asunto se va desvelado en su complejidad.


El círculo cercano a Lang es muy hermético. El propio político se muestra muy celoso de ciertos pasajes de su historia personal en los que el escritor busca indagar para hacer un retrato más fiel y atractivo (este es el único tono malicioso del personaje de McGregor: el trabajo que realiza está a medio pelo entre el de un detective y el de un periodista: busca el dato fascinante y económicamente redituable).


La inteligencia y curiosidad del escritor lo llevan a encontrar vacíos en el borrador ya escrito. Además, investigando se encuentra las indagaciones de su predecesor, detalles: un teléfono anotado detrás de una foto de juventud en la que Lang estudia en EU, la clave de que en el borrador “todo se encuentra en los principios”, el papel que Ruth, esposa de Lang, juega para que éste se incorporara al Partido y abandonara su gusto por la actuación. Además qué tiene que ver una empresa de seguridad y la CIA.


El verdadero giro de tensión ocurre cuando en sus investigaciones, el escritor se sube a una camioneta destinada para uso de los huéspedes que se hospedan en casa del ex PM, una camioneta que usaba su antecesor y que tiene grabada una ruta; es decir, sólo se sube y sigue las indicaciones que le va dictando la computadora del auto. Llega a la residencia de un profesor de Cambridge que tiene algo que ver con el pasado de Lang. El sentimiento de amenaza enrarece el ambiente. Y a partir de aquí, la cinta cambia a un thriller en el que quien corre peligro es ni más ni menos que el escritor, el que llega de manera colateral e inocente (un tanto) a esta red de relaciones turbias.

La perfección con la que se cruzan los datos y las historias más las simulaciones propias del mundo de la política, es la gran aportación de Polanski, que si bien no entrega una obra maestra, sí presenta una película en la que juega a su antojo con los límites de la ética y la política, la verdad y la simulación, el deseo y el interés, la ideología y el fanatismo, la opulencia y la barbarie.


Una película que, además, critica a los grandes Estados creadores de la más contemporánea de las ficciones: la amenaza del terrorismo, la libertad de la democracia y, sobre todo, la guerra justificada en términos morales (contra el terrorismo y la amenaza nuclear) pero que en la realidad fue una guerra por recursos naturales y su efecto: el dinero.


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